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domingo, 20, septiembre, 2026

Problemas retorcidos

Problemas retorcidos

Tomemos un asunto de actualidad y tan acuciante como terrible: los atentados terroristas como el ocurrido en Barcelona el pasado agosto. Que se trata de un problema es obvio; es un acontecimiento atroz que ha causado numerosos muertos y que se halla ligado a otros sucesos similares, por lo que no podemos hablar de accidente aislado. Sin embargo, la formulación del problema es mucho más compleja. ¿Se trata de un grupo concreto de personas llenas de odio y con intenciones homicidas? No, porque muchos de los terroristas tenían vidas normales hasta que decidieron llevar a cabo las atrocidades. ¿Hay una razón, justificada o no, para lo que hacen? Tampoco está claro.

No existen unas demandas ni condiciones por parte de los perpetradores. Este es un ejemplo de un Problema Retorcido. Este tipo de problemas son frecuentes en las ciencias medio-ambientales, económicas, sociales o políticas. Conocidos como Problemas Retorcidos o Perversos, su nombre viene del título anglosajón wicked problems, acuñado en 1967 por C. West Churchman. Son un concepto que representa problemas únicos de difícil o imposible resolución, ya que su propia formulación es un problema en sí misma. Estos problemas abarcan múltiples campos y, en cada uno de ellos, se ramifican nuevas complicaciones. Siguiendo con el ejemplo anterior, ¿dirían ustedes que es un problema simplemente legal, económico, de educación? ¿Bastaría con reforzar los mecanismos de seguridad? ¿Hay que revisar los valores educativos? ¿Hay que evitar la marginación social, las desigualdades económicas?

Cada vez que intenten acometerse uno de estos campos surgirán nuevos problemas, nuevas repercusiones, nuevas dudas. Los problemas retorcidos son así; no hay soluciones simples y cada intento de remedio resulta en un problema más. Un ejemplo más de estos problemas es el cambio climático, tanto que incluso se le llama problema super-retorcido. A las dificultades de formulación y solución se suman aquí que no hay una autoridad clara que deba atajar el conflicto y que los que intentan resolverlo son también los causantes del propio problema. ¿Es entonces irremediable tirar la toalla frente a los problemas retorcidos? No, no se trata de eso. La cuestión no es que sean problemas imposibles de resolver y con los que haya que aprender a convivir, sino que requieren un enfoque diferente.

Desde el momento en que no pueden ser formulados con claridad tampoco es posible darles una respuesta precisa. Debemos asumir que la solución no será nunca una única acción, clara y directa, ni tampoco rápida. Son problemas que deben ser estudiados con detenimiento, casi diseccionados en pequeñas partes. Cualquier respuesta debe ser, además, dinámica, capaz de cambiar y adaptarse a medida que se comprende mejor el problema y que éste evoluciona y se revisa nuevo. Es un trabajo continuo que requiere colaboración, y que nunca podrá llevarse a cabo mientras cada agente implicado barra para casa y se preocupe sólo de apuntarse el tanto.

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