A la Gent de Petrer
“Gent de Petrer” no es un libro como los que guardamos para
leerlo después de echarle un vistazo. Este libro será muy difícil
que durante mucho tiempo esté guardado en nuestras bibliotecas,
porque sus personajes están en nuestras vidas, son nuestros
compañeros, nuestros vecinos, nuestros “confidentes”, nuestros
amigos… son Gent de Petrer a los que seguimos oyéndoles hablar y
en nuestras memorias guardamos sus risas y sus enfados.
Y todo ello
sucede porque ellos siguen viviendo en nosotros… están vivos,
viven silenciosamente en nuestra memoria. Estaban a cobijo, en lo más
profundo de nuestro corazón y gracias a él, seguimos oyendo sus
voces, sus risas, sus dejes o sus cabreos… Leyendo este libro
volveremos a escuchar las sirenas de las fábricas de calzado de LUVI
y García Navarro, anunciando la entrada y salida del trabajo,
llenando la calle de Gabriel Payá de hombres y mujeres cuando este
pueblo iniciaba el despegue de la industria del calzado.
Petrer
siempre fue un pueblo muy familiar. Todos o casi todos nos conocemos
en el pueblo, aunque siempre no muy bien, de una forma directa o
indirectamente y es por ello que este libro nos ayuda a aclarar
muchas dudas de ellos, pues los protagonistas o bien sus
descendientes nos detallan en el libro parte de la vida que les llevó
a cargar con un apodo. Apodo que terminó configurando una estirpe
local peculiar que enorgullece a sus poseedores siendo el compañero
de viaje de identificación que les acompañará, durante el viaje
por la vida, prevaleciendo en la familia.
Este libro también nos da
a conocer más a fondo a los hijos del pueblo más emprendedores,
cómo fue su impulso y su espíritu de trabajo que les llevó a
iniciar sus pequeños negocios, los cuales, a muchos de ellos, les
llevaron a grandes empresas y fábricas de calzado como los hermanos
Villaplana, la familia García Navarro, Eliseo Poveda, “Lito”,
Juan Montesinos… ejemplos de empresas, además, que todavía
perviven con mucho futuro, como la familia de la marca “Hispanitas”
de la histórica familia de los hermanos Chico de Guzmán, empresas
de familias de emprendedores locales cuyos fundadores sentaron las
bases para resistir los embistes de las políticas que han llevado a
la ruina a sectores que fueron ejemplo de trabajo y concordia
sectorial.
Este libro acompañará toda la vida de aquellos que
nacimos a mediados del siglo pasado, permitiéndonos conocer a los
que ya estaban acabando su viaje y a los que lo empezábamos, y ello
nos agrandará los emocionantes recuerdos que empezaron de niños,
cuando nuestras madres nos llevaban a que la Tía Pepica “la
Curandera” nos curase mediante plantas medicinales, agua y
oraciones, con un bagaje de curas muy notorio en toda la provincia
hasta que murió. Nombres fundamentalmente populares, como no podía
ser de otra forma, del pueblo como los míticos “Fasio” el amigo
de todos y también el donjuanesco “Barril”, con su traje,
corbata, gorra, sus dos pares de gafas de sol y bastón y su labia,
que fue todo un poema …y muchas más de otros conocidos y amigos,
hasta los herederos de 482 sobrenombres, tarea impagable que nos
lleva a conocer mejor la historia íntima de nuestras familias y sus
apodos, como señas de identidad de este pueblo.
Este libro estará
ya siempre junto a nosotros, los que por la edad conocimos a casi a
todos. Con ellos desfilamos en nuestras fiestas del pueblo
Hispano-Árabe, trabajamos en sus empresas o nos saludamos cuando nos
cruzábamos por la calle o cuando en los fríos inviernos
comprábamos los torraos o las habas hervidas en el puesto de la
puerta del Cine Cervantes como el Tío Enrique “Coxa” y su
adorable mujer Antonia. También escuchando la portentosa voz del
tío “Caball” hablando de su comparsa, o la voz muy educada,
dándonos los buenos días del cartero Pascual cuando se cruzaba con
nostros por las calles del pueblo repartiendo el correo cada día con
su cartera llena de cartas.
Esta gran cantidad de apodos nos cuentan
las jocosas historias de nuestros vecinos, puntualizando que este
pueblo es muy sano y tolerante y que, una vez más, pone de
manifiesto que el humor es la mayor manifestación de su grandeza,
clave de todos los apodos, cuyo resultado es que tenemos un pueblo
cuya salud cívica es todo un ejemplo. Sin duda alguna, pues ha sido
verificado, del libro, en los primeros días de su venta, se
vendieron en el casco antiguo cientos de ejemplares.
Nadie, ni
Cervantes o los más prestigiosos escritores universales en su
materia literaria o científica han vendido, a tan diversas gentes,
tantos libros en las pocas horas que tiene un día y eso dice mucho
de los sentimientos ocultos, silenciosos, del amor por sus
convecinos. Con este libro en cada casa los vecinos alcanzan un grado
más alto de grandeza. Se sienten más pueblo, se reconocen en ellos
pues es el mismo pueblo quien, nuevamente, según sus peculiaridades
e idiosincrasia, los bautizó de nuevo a ellos y a sus descendientes,
los titulares de esta gran obra literaria profundamente popular
nacida del corazón del pueblo de Petrer.
Es un placer y una
necesidad para mí felicitar a sus autores, sobre todo al que fue su
ideólogo Vicente Maestre “Titín”, cuya tarea empezó anotando
los primeros nombres y a Luis Rico que continuó la ardua tarea de
visitar todas las casas de casi 500 familias para recabar la
información de cada apodo y las fotografías con la posterior
recuperación de las más antiguas, durante un trabajo de diez años,
que fue el tiempo que se tardó en conseguir la realidad del sueño
de “Titin”. Felicidades amigos.