Las excavaciones arqueológicas en la Explanada del Castillo
Por: Jaume Pérez
Hace treinta años, en diciembre de 1987, comenzaron las
excavaciones arqueológicas en la explanada del Castillo, edificio en
el que apenas tres años antes habían terminado las largas obras de
restauración para conseguir su consolidación y apertura al público.
La intervención estuvo motivada porque el Ayuntamiento proyectaba la
pavimentación de la explanada, y antes de llevarla a cabo se
presentó la oportunidad de hacer unas catas arqueológicas. La
primera campaña fue muy breve ya que únicamente se realizaron dos
sondeos, pero sirvieron para comprobar la riqueza patrimonial
existente en el subsuelo de la explanada. Las dos siguientes campañas
se realizaron entre los años 1988 y 1989, con algunos meses de
intervalo entre ambas ya que para llevarlas a cabo se solicitaban
subvenciones a la Diputación de Alicante.
Durante los meses en los
que se realizaron las excavaciones arqueológicas intervinieron
varios operarios, técnicos y arqueólogos, dirigidos por Concha
Navarro Poveda.
La singularidad de la actividad, la duración en el tiempo de la
misma y el lugar emblemático donde se realizaba, fue objeto de
curiosidad por parte de los vecinos, lo que tuvo su eco en los de
comunicación, destacando la portada de El Carrer de junio de 1989.
La excavación, que fue ampliándose paulatinamente atendiendo a
los restos inmuebles que aparecían y llegando a abarcar unos 350 m2,
puso al descubierto los restos de la parte central de la superficie
de la explanada ya que no se pudo ampliar más en esta zona debido a
que las habitaciones de las casas-cueva de la muralla se introducen
varios metros en dirección al Castillo y había una posibilidad real
de llegar picando la tierra a las habitaciones.
A la vista de los hallazgos realizados, tanto de edificaciones
como de elementos de uso cotidiano en aquellos siglos como son los
platos, jarras, ollas, cazuelas, yeserías decorativas, hebillas,
monedas, restos óseos de los animales consumidos, etc., muchos de
ellos expuestos en las vitrinas del Museo Dámaso Navarro, se pudo
comprobar cómo la zona de la explanada protegida por la muralla fue
el barrio donde estaba asentada la población andalusí durante los
siglos XII y XIII y, posteriormente, la cristiana, hasta finales del
siglo XIV.
El Castillo sí que se mantuvo ocupado en siglos
posteriores, realizándose en el mismo una importante reforma a
comienzos del siglo XV.
Atendiendo a los datos recogidos por Concha Navarro en sus
estudios posteriores a las excavaciones, el análisis de la
distribución de las once habitaciones descubiertas así como la
ubicación de los materiales arqueológicos, han permitido detectar
cierto grado de urbanismo así como la funcionalidad que podrían
tener ciertas dependencias.
Así, identifica un aljibe para
proporcionar agua a los habitantes del barrio, una sala más grande
que el resto de las excavadas con un hogar en el que poder cocinar
los alimentos y un establo con un pesebre donde recogían y
alimentaban a los animales que reguramente les servirían para las
tareas agrícolas.
En otra zona de la excavación se identificó un espacio que
debería de servir para almacenar material de construcción ya que
aquí se encontraron ladrillos de adobe, esto es, ladrillos secados
al sol, no cocidos en horno, lo que hacía que fuera más rápida y
sencilla su producción pero, al mismo tiempo, eran menos
resistentes. Junto a esta zona de almacenamiento, había otra que
tenía grandes tinajas cerámicas y que, en este caso, serviría para
guardar los productos agrícolas que cosecharan las familias
campesinas de Bitrir-Petrer, como era el grano, hortalizas, frutas,
etc.
Tras finalizar la excavación se valoró la posiblidad de dejar a
la vista los restos correspondientes a los cimientos de las
viviendas, pero viendo la dificultad técnica que conllevaba la
conservación de los mismos, se optó por volver a taparlos con arena
para protegerlos.
De este modo, todas aquellas personas que acudan al
Castillo por algún motivo deben de saber que cuando caminen por la
explanada, bajo sus pies, están enterrados los restos de las
viviendas de los habitantes de Bitrir y del Petrer medieval.
PARA SABER MÁS:
No existe un estudio monográfico de estas excavaciones, pero sí
que tenemos datos históricos y arqueológicos de sus resultados en
numerosos artículos que ha ido publicando la arqueóloga Concha
Navarro Poveda.