Hoy es el Día Internacional de las personas con Discapacidad
Decenas de usuarios de Sense Barreres y Cocemfe se han concentrado para leer un manifiesto
Maite Román Cano / Un manifiesto
reivindicativo y también de concienciación sobre la situación de
soledad y abandono que padecen muchas personas discapacitadas es lo
que se ha leído a mediodía en el Centro de Día de Sense Barreres
donde decenas de usuarios de dicho centro y también de Cocemfe,
acompañados por directivos de ambos colectivos y representantes
municipales, han conmemorado hoy el Día Internacional de las
personas con discapacidad.
Tras la lectura de ese manifiesto, hecho
por una treintena de personas, entre alcaldesa, concejales, técnicos
y usuarios, aquellos que han querido han escrito unas dedicatorias
que posteriormente se han colgado en la valla del edificio para dejar
constancia de esos deseos, reivindicaciones o pensamientos
relacionados con el mundo de la discapacidad que afronta, día a día,
retos como el empleo, la discriminación o la soledad.
Manifiesto
La
soledad no deseada es una de las lacras de las sociedades llamadas a
sí mismas avanzadas. Las mujeres y hombres con discapacidad se
enfrentan en su día a día a situaciones de aislamiento social, de
separación de la vida en comunidad, que provocan mayores dosis de
soledad forzosa.
Las causas de esta soledad son muchas y
acumulativas: la falta de accesibilidad de los entornos, productos y
servicios; la imposibilidad o la dificultad extrema de ejercer los
derechos fundamentales; la inactividad obligada; la ausencia
extendida de apoyos para una autonomía personal efectiva; residir en
medios con escasez de recursos por la deficiente y no equitativa
distribución de los mismos, como es el rural; la pervivencia en el
imaginario social de actitudes reticentes y negativas sobre el valor
de las personas con discapacidad, etc. En definitiva, la exclusión y
la discriminación estructurales hacia este grupo ciudadano
intensifican la soledad forzosa.
La
soledad no querida en este grupo social no es uniforme.
Las personas
con discapacidad en mayor riesgo de exclusión son quienes más
expuestas están a la soledad no deseada: personas mayores, infancia
víctima de violencia, personas con discapacidad intelectual y del
desarrollo, o con problemas de salud mental, con discapacidades
sobrevenidas en la vida adulta o en la edad avanzada; y en general
aquellas con grandes necesidades de apoyo para su autonomía.
Factores como el género, la edad, el tipo de discapacidad, la
procedencia y el lugar de residencia, entre otras, provocan más
soledad.
Todo
lo anterior se multiplica, si se trata de mujeres con discapacidad,
consideradas desde cualquier perspectiva interseccional: la soledad
no deseada tiene rostro preferente de mujer.
Según
los estudios sociológicos disponibles, más de un 20 por ciento de
las personas con discapacidad viven solas y un 38 por ciento de estas
personas viven en soledad no deseada. El 74 por ciento de las
personas con discapacidad que viven solas son mujeres. La miseria
relacional -la ausencia de vínculos y relaciones sociales intensas-
es un hecho agravado respecto de las personas con discapacidad. La
soledad no querida es un fenómeno en crecimiento, con un alto coste
humano, social y sanitario, que ha de ser objeto transversal de
acción de las políticas públicas, presentes y futuras.
La
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad obliga a eliminar los estereotipos desfavorables hacia
este grupo social, para lo cual los Estados han de accionar
percepciones positivas y una mayor toma de conciencia sobre el valor
intrínseco de las personas con discapacidad y de su contribución a
la sociedad. Este tratado de derechos humanos gira en torno a dos
valores irrenunciables, la inclusión y la vida en comunidad,
herramientas ambas de las más poderosas para mitigar el aislamiento
y la soledad no deseada de las personas con discapacidad. Además, la
Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones
Unidas imponen que ninguna persona se quede al margen ni atrás.
SOS
SOLEDAD
Porque
vivo encerrada en mi casa sin ascensor…
Porque
me he quedado sin amistades al tener que abandonar mi vivienda por no
reunir condiciones de accesibilidad adecuadas a mi nueva situación
de discapacidad…
Porque
me quedo aislada en las conversaciones, no puedo acceder a la
información ni comunicarme…
Porque
no puedo trabajar…
Porque
soy una mujer mayor con discapacidad y no me permiten tener el
control de mi vida…
Porque
nunca se cuenta conmigo, jamás se me pregunta qué me gusta o qué
me apetece…
Porque
soy mayor y tengo una discapacidad y no dispongo de apoyos para
desenvolverme como me gustaría…
Porque
dependo de otros para todas las actividades de la vida y mi voluntad
es negada…
Porque
no dispongo de asistente personal…
Porque
en mi escuela sufro acoso escolar por razón de discapacidad…
Porque no puedo o
no me dejan practicar mi deporte favorito…
Porque
tengo que renunciar al ocio y a la cultura por falta de
accesibilidad, no solo de los recintos, sino también de las
películas y el teatro…
Porque
vivo en un entorno rural y no tengo acceso a ningún recurso…
Porque tengo una
discapacidad y vivo en la calle…
Porque la gente
no sabe y no quiere relacionarse conmigo…
Porque les
parezco una persona rara…
Porque tengo una
discapacidad y por ello se ponen en cuestión mis decisiones…
Por
estas situaciones y otras parecidas que vivimos diariamente, las
mujeres y los hombres con discapacidad, y sus familias, alzamos
nuestras voces para gritar:
SOS
SOLEDAD, yo también cuento
Y
reclamamos la movilización pública y ciudadana para con las
estrategias adecuadas mitigar el gran mal del aislamiento social que
devasta a las personas con discapacidad, a través de iniciativas
como:
Dotar
de accesibilidad universal a los entornos, productos y servicios,
comenzando por la vivienda, para que las personas con discapacidad no
tengan dificultades añadidas de relación y participación sociales.
Sin barreras, la amenaza de la soledad no querida se reduciría
mucho.
Medidas
vigorosas para disminuir la inactividad y el desempleo entre las
personas con discapacidad. A más inclusión laboral y trabajo digno,
los vínculos y las relaciones aumentan.
Adopción
de una Estrategia Estatal de Inclusión en la Comunidad que permita a
las personas institucionalizadas vivir según sus propios deseos y
preferencias, acogiéndose a fórmulas de vida inclusivas en la
comunidad.
Ofrecer
a las personas con discapacidad y a sus familias prestaciones y
servicios suficientes que promuevan la autonomía personal y
potencien el desarrollo de una vida independiente.
Impulso
de campañas de toma de conciencia pública dirigidas a eliminar los
estereotipos negativos hacia las personas con discapacidad, con un
enfoque colaborativo entre la sociedad civil organizada, los poderes
públicos y los medios de comunicación.
Contar
con programas de apoyo y acompañamiento a familias de personas con
discapacidad, especialmente en el momento de la aparición o
conocimiento de la discapacidad y durante la primera infancia, si
esta se adquiere al principio de la vida.
Puesta
en práctica real de iniciativas y programas de prevención de las
situaciones de abuso y acoso escolares hacia el alumnado,
especialmente si este presenta alguna discapacidad.
Despliegue
de programas activos dirigidos a personas con discapacidad con objeto
de favorecer y reforzar las redes sociales y vecinales.
Establecimiento
de soluciones que apliquen la transformación digital al
acompañamiento y empoderamiento de las personas mayores con
discapacidad, con un enfoque colaborativo intergeneracional.
Medidas
para fomentar el voluntariado activo de las mujeres y los hombres con
discapacidad, estimulando su espíritu de agentes de voluntariado por
sí mismas y de participación social plena, como vías de tejer
relaciones sociales y abandonar la soledad.
Aprobación
de una Estrategia Nacional de Desarrollo Rural Inclusivo que tenga en
cuenta a las personas con discapacidad que residen en el entorno
rural en España, mejorando su participación, acceso a derechos y
bienestar social.
Formación
de los equipos profesionales de los servicios públicos que facilite
la detección e intervención en las situaciones de soledad no
querida de las personas con discapacidad.
Contar
con información plenamente accesible sobre los recursos disponibles
en el ámbito de la soledad no deseada para las personas con
discapacidad.
Confección
de estudios e investigaciones sobre la soledad no deseada en las
personas con discapacidad.
En
conclusión, el movimiento CERMI apela a la toma de conciencia de
este creciente problema social, el de la soledad no querida, y
convoca a la acción pública y cívica para que con la aportación
de todas las personas, también las que presentamos una discapacidad,
hagamos de la vida en comunidad, sin restricciones, una experiencia
rica, decente, intensa y extensa. Con la participación de las
mujeres y hombres con discapacidad, sin aislamiento ni soledad
forzosa, haciendo realidad la inclusión, se producirá una enorme
mejora personal y colectiva.
3
de diciembre de 2019.
Comité
Español de Representantes de Personas con Discapacidad
-CERMI-
www.cermi.es
www.convenciondiscapacidad.es
www.fundacioncermimujeres.es