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domingo, 20, septiembre, 2026

La perversidad de la posverdad

La perversidad de la posverdad

La posverdad como cita el Diccionario Oxford reconoce dos componentes, cuya repercusión en política facilita que salte la alarma entre quienes la administran e impuesta, queramos o no, por ciertos poderes establecidos: la primera es la táctica de falsedad en política, una mentira asumida como verdad, de apariencia y de ambigüedad manifestada.

Es un buen negocio, sale gratis, al no observarse ninguna sanción aparente. La segunda, intenta que sea creíble a ojos de los demás, para que el mensaje político impacte la mente disipada de gente que no suele pensar, y de esa manera remueva sus vísceras. Y la Real Academia lo define:-Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y actitudes sociales-.

 El fenómeno de la posverdad tiene objetivos concretos: la incertidumbre, el malestar, la desconfianza o la rebelión contra el statu quo. Es de carácter pandillero y los conceptos, como la verdad, pero también la realidad, se disuelven sin apreciarse que nada venga a sustituirlo. Vivimos en un mundo donde los medios de comunicación de masas han cambiado la percepción que había de la realidad. Ya no hay hechos, solo “relatos”, y el anonimato de las redes sociales es un territorio sin ley.

Un proceso que desvía la esencia de la verdad y que sea inasible y discutible, por supuesto, en beneficio de terceros. Y no es menos grave, atacar con falsedades para difamar la imagen de personas, algo común en estos tiempos en que las jaurías que andan sueltas muerden sin contemplaciones, cuyo único propósito es confundir al personal. La verdad, hace tiempo, que parece que no existe, ya que la verdad se fabrica y hay algún que otro “maestro” en manufacturarla como mejor le convenga.

El caso es que las personas solo saben lo que se les dice, sin caer en la cuenta que lo que debe hacer es analizar para descubrir ciertas malignas intenciones. Mark Twain es el seudónimo que utilizaba en sus artículos el escritor estadounidense Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), y según sus palabras:-Por qué las personas que juzgan constantemente hablan desde el rencor-. Algunos editores periodísticos muestran su preocupación, buscan la verdad en política, contrastan los hechos con argumentos y opiniones. Aclararan los desmentidos que es uno de los fines del periodismo.

Pero cuánto de culpa tienen los medios, o el individuo sin escrúpulos, que lo acomete en su caótica, lamentable e infinita variante. Lo cierto, es que nos hemos vuelto perezosos ante algunas siniestras noticias. Además, somos un nuevo “medio de difusión”: unos altavoces ideales radiando posverdades. Según los expertos, la perversidad de la posverdad es la de un perfil de sujeto que antepone su ideología o mejor dicho, su soberbia, por encima de otros asuntos.

El ciudadano puede estar en una creencia falsa sin que nadie ni nada medie para sacarlo de su tremendo error. La política tradicional no ampara la manipulación como elemento integrante, sino que al no poder ocultar la farsa, se muestra abierta como si fuera verdad. Y es que la verdad y la mentira son dos puntos de vista diferentes, igual que el color negro y el blanco no son dos tipos de blanco. Digan lo que digan, el respeto por la verdad es el respeto por uno mismo.

La política, la religión, incluso la ciencia, queramos o no, siempre ha sido pretenciosa. El poder se reviste de símbolos, de señas y la obediencia de una débil masa compacta, a través de las emociones en su identificación. El radicalismo manifiesta su desprecio a los valores de la razón ilustrada en democracia; con invenciones que elimine el respeto a la verdad y dirigirlo a la toxina de la mentira.

La posverdad en las dictaduras o en los regímenes donde una voluntad establece una verdad dogmatica y determinante, pero el problema es otro, no atenerse a esa interesada verdad establecida es duramente reprimido… El Ministro de Educación Popular y de Propaganda del gobierno de Hitler, Joseph Goebbels, impuso que: -Una Mentira mil veces repetida (…) se transformaba en verdad-. Y esa supuesta verdad significo una hecatombe como pocas en la historia de la humanidad.      

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