El debate económico que necesitamos
Nuestro colaborador, el profesor Enrique Lluch, ha escrito un
nuevo libro (“Una economía para la esperanza”) en el que no solo
propone cambiar el actual paradigma económico por otro orientado al
servicio de las personas y la sociedad, sino también cómo empezar a
hacerlo.
Firme defensor del debate, el diálogo y, sobre todo, de la
búsqueda de nuevos consensos, su libro pasa por todos los asuntos
económicos claves como el crecimiento económico, el mercado, el
papel del Estado, las empresas y las finanzas. Parte del pensamiento
dominante en los últimos siglos, que conoce bien dada su faceta
docente, para plantear las nuevas formas de enfocar esas cuestiones y
encontrar alternativas más humanas y sostenibles, dado su dominio de
la Doctrina Social de la Iglesia y su constante preocupación por
introducir la ética cristiana en la ciencia económica.
Su crítica
al crecimiento económico, como utopía y único guía de la
economía, resulta brillante, entre otras cosas, por el esmero en que
recoge las alternativas que se han venido teorizando en las últimas
décadas como el desarrollo sostenible, el decrecimiento o el
progreso social (el bien estar y la prosperidad inmaterial). Pero su
opción es por el bien común, por una economía de la suficiencia
donde todas las personas puedan vivir con arreglo a su dignidad.
Más
que elaborar un modelo teórico e ideal, su apuesta es la de
construir una referencia mental compartida con personas e
instituciones capaces de aprovechar las oportunidades para reorientar
la actividad económica y superar las graves carencias conocidas y
que tantos tratados y análisis han llenado.
De ahí que ponga su
empeño en hablar de estructuras e instituciones virtuosas con
vocación universal, de dejar los debates estériles y encaminarse a
garantizar que todas las personas de hoy y del mañana tengan
suficiente para vivir con dignidad.
En su opinión, el foco no está
en si es mejor el capitalismo, la economía del mercado o el
socialismo, incluso en cómo mejorar o humanizar la economía actual,
sino en superar los presupuestos actuales, el “economicismo
reinante” para poner la economía en su lugar, al servicio del bien
común.
La obra resultante, de ágil lectura, fortalece la esperanza
en otro mundo, sobre todo, otra economía posible, gracias a su
estilo didáctico y propositivo. Pero, sobre todo, es un motivo más
para plantear el debate, para alentar la conversación e iniciar la
conversión, también económica.
HOAC