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jueves, 17, septiembre, 2026

TOMBE LA NEIGE

Por: JUAN MANUEL MARTÍNEZ ALBERT

En ocasiones, hay destellos en la vida que invitan a reafirmar la confianza en el ser humano. La ternura de las viejas canciones románticas como la del título, la esperanza de un mundo mejor depositada en la sonrisa de un niño, percibir el compromiso incansable del voluntariado de las ONG´s, comprobar que hay gente involucrada en ayudar en las cercanías, etc., remueven la conciencia distraída de nosotros, los seres humanos, que vamos perdidos en nuestra ceguera de las rutinas cotidianas sin más afán que el de ganar dinero, protegernos ante posibles adversidades, divertirnos y hacer alardes de lo que somos o pretendemos ser.

En mi caso, esos destellos afloran cuando compruebo acciones cargadas de valores humanos que sobrepasan la cotidianeidad mercenaria de la riqueza y el poder. Y ello me conmueve, me identifica con quienes se sacrifican en silencio y son capaces de escapar del hedonismo burlón que el consumismo fútil nos ofrece a la vuelta de cada esquina. Ante ese escenario me rindo.

Hace unas fechas, El Carrer publicaba una noticia con cuya lectura mi equilibrado estado emocional sufrió una súbita alteración: “…en los últimos cinco años el presupuesto de Servicios Sociales de Ayuda a Domicilio para la Dependencia ha pasado de 5900 euros en 2017 a 880.000 euros en 2023, lo que supone un incremento del 850% con el que se atiende a 118 usuarios”. Me impactó la noticia por su contundencia y, a la vez, por su trascendencia, sembrando en mi ánimo un reconocible estado de gratitud porque, aunque no me corresponda en mi ámbito familiar, sí encierra valores solidarios imprescindibles para evitar que nadie se quede marginado en su derecho fundamental a poder vivir con dignidad.

Que este último año la subida haya sido de un 69% dice mucho a favor del actual equipo de gobierno y, en especial, de la concejala de Servicios Sociales Ana Tortosa, que lleva realizando una brillante gestión al frente de este departamento junto a un equipo de trabajadores-funcionarios (ellos y ellas) que demuestran estar dando lo mejor de sí mismos en el desarrollo y aplicación de su cometido.

Todos los petrerenses deberíamos estar orgullosos de lo que se gestiona en esta concejalía, con acertada cercanía, acreditada humanidad y comprometido esfuerzo por proteger a los más débiles, y salvaguardar las carencias que la vida, por destino cruel, nos impone en algún momento aciago de la misma. Me siento orgulloso de que en Petrer seamos altamente solidarios con quienes precisan de nuestra ayuda. Sigo emocionado al escribir esta página y me conmueve la fortaleza de nuestro sistema municipal de protección. Quiero felicitar a cuantos lo hacen posible.

Propongo que El Carrer promueva un número especial relacionado con los Servicios Sociales municipales, que trate en profundidad lo que ahí se realiza, para que todos seamos conscientes de la inmensa e impagable labor que se viene desarrollando en su seno; aunque soy consciente de que el Bien Común no siempre es reconocible en la vida cotidiana por las razones que exponía al principio de este escrito que reitero cual metáfora: los copos blancos de nieve, símbolo de pureza, embellecen el paisaje y provocan un estado de ánimo más espiritual y receptivo en nuestro sentir diario.

¡Salud y Bienestar para todos y todas!

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