Por: Adalís De Liétor
Allá en el esperado y claro cielo
te acogerán los ángeles sin ruido
por ser la madre de mi humilde nido
con alma firme y calidez sin celo.
Tú nos dejas cual tiempo desgajado
tras reunir corazón y sentimiento
e inculcar valores como alimento
y aligerar sendas de tu legado.
Tú serás sumida en paz, como tú eras,
entre jardines bellos sin misterio
aunque antes te recoja el cementerio
para dejar tu aroma sin quimeras.
Mujer que fuiste dándonos templanza,
pasión para poder amar el ser,
esposa y madre para comprender,
calor para calmar desesperanza.
Adiós madre mía, dejas vacío,
nadie podrá ocupar como lo hiciste,
dejas recuerdo y fe de cuanto fuiste
y que te acojan como alba al rocío.