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jueves, 17, septiembre, 2026
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Óscar Marín Montero

Bailarín

Óscar Marín Montero es un joven de petrerense se 29 años que, desde que era un niño, siempre ha tenido claro que quería ser bailarín. Después de trabajar en “Marina d´Or”, en cadenas hoteleras, cruceros y resorts de lujo, ha creado su propia compañía de producción

Óscar, ¿cuándo y por qué empezaste a bailar?

Mi madre siempre me dice que empecé a bailar antes que a andar, no había dado mis primeros pasos y me cogía a un mueble y bailaba cuando sonaba la música (risas).

Desde muy niño siempre me ha gustado bailar pero el porqué no lo sé. Cuando no tenía ni siete años ya iba a clases a la Academia de Isabel y Sara y, a partir de los ocho años, a la Escuela de Baile Estudio 42.

Entonces, ¿siempre has tenido claro que querías ser bailarín?

Sin duda alguna. Es más, desde que tengo uso de razón he tenido claro que quería dedicarme al baile.

¿Tu formación como bailarín ha sido en esas dos escuelas o academias?

Sí. Primero en la Academia de Isabel y Sara hacía ballet y danza española pero, a pesar de que me gustaba el baile, no me sentía cómodo con esos estilos.

Después, en Estudio 42, fue cuando empecé a desarrollar mucho más mi afición por el baile. Allí me ayudaron mucho a saber qué era, realmente, lo que me gustaba del baile y cómo desarrollarlo.

A ver, bailar se puede hacer de muchas formas pero otra cosa es ser consciente de lo que de verdad te gusta del baile y te mueve la sangre, y eso fue lo que descubrí en Estudio 42.

¿Y qué fue lo que descubriste?

Pues que con el baile comercial o danza moderna era donde mejor me desenvuelvo, aunque eso no quiere decir que solo baile esas modalidades. Lo cierto es que he bailado y bailo de todo, desde danza contemporánea hasta bailes latinos y jazz.

¿Cuándo empezaste a dedicarte, profesionalmente, al baile?

Con tan solo 16 años empecé a dar clases de baile en el colegio Santo Domingo Savio mientras cursaba Bachiller en el IES Azorín. Cuando finalicé el Bachillerato, me planteé seguir formándome como bailarín y seguir trabajando. Finalmente decidí bailar.

Pero, ¿seguiste dando clases?

No, dejé las clases porque empecé a trabajar en “Marina d´Or”, en Oropesa. Allí estuve cerca de dos años trabajando, formando parte del cuerpo artístico que protagonizaban los espectáculos y, además, trabajábamos como monitores de baile y participábamos también en las cabalgatas que forman parte de la oferta artística de este complejo hotelero de vacaciones.

Fue una experiencia intensa porque se trabajaba muchas horas pero como trabajaba en lo que siempre había soñado, no fue difícil adaptarme al trabajo, todo lo contrario, para mí fue fácil.

También has trabajado como coreógrafo para una cadena de hoteles, ¿no?

Así es. Ese fue uno de los motivos por los que dejé “Marina d´Or” para empezar a trabajar en un hotel de Tenerife. Fue una gran experiencia, totalmente, distinta a la del complejo de vacaciones, porque la responsabilidad de los espectáculos recaía sobre mí como coreógrafo.

Mi trabajo en ese hotel era crear la coreografía de los espectáculos de noche, buscar a los bailarines, decidir el vestuario y dirigir al cuerpo de baile para que la coreografía fuera perfecta. Lo cierto es que fue un trabajo muy gratificante.

¿Los cruceros fueron tu siguiente “aventura” profesional?

Sí y fue una maravilla trabajar como bailarín de los espectáculos de cruceros. Llegué a estar un año entero en el barco, encadenando dos contratos, uno por temporada que, en este caso, es de seis meses.

Cada noche poníamos en escena dos veces el espectáculo que no tenía nadar que ver con lo que había hecho hasta ese momento.

En el crucero son grandes producciones, como puede ser un musical. Grandes espectáculos que se ponen en escena en un teatro que puede llegar un aforo de 1.200 butacas.

¿La pandemia y confinamiento te cogió en un crucero?

No, como bailarín en cruceros estuve trabajando un par de años. Bailar en un barco, aunque no tengas la sensación de que se mueve, machaca mucho el cuerpo. Tuve la posibilidad de seguir cumpliendo mi sueño en un resort de lujo. Así que dejé la alta mar para asentarme en Grecia, en concreto, en Salónica, donde estuve trabajando hasta marzo de 2020, hasta que llegó la pandemia.

Fue una gran experiencia y me sentí muy bien trabajando en ese resort porque la empresa cuidaba mucho a sus empleados, incluidos los bailarines del cuerpo artístico.

Aprovechaste la pandemia para crear una empresa de producción, “Company Artsigtht Productions”, ¿por qué?

El mundo del espectáculo fue uno de los sectores más castigados por la pandemia y era necesario reinventarse para seguir adelante. Así que, junto con mi pareja y una amiga, decidí correr ese riesgo porque, probablemente, no era el mejor momento para poner en marcha una empresa.

¿Arrepentido?

Qué va, ni mucho menos. La empresa se creó en 2021 y no tardamos en cerrar un contrato para una cadena hotelera para la temporada del pasado año y no hace mucho tiempo que renovamos ese acuerdo para 2023.

No es mucho, pero ya se sabe que los comienzos no son fáciles pero, de momento, nosotros estamos satisfechos.

¿Cuál es tu función en esa empresa?

Estoy al frente de lo que es el negocio mientras que mi compañero, Paul, es el director artístico y el equipo lo complementa una directora artística. Ahora, podríamos decir que soy empresario y la faceta de bailarín la he aparcado.

Pero, ¿volverás a bailar?

Creo que no, pero nunca se puede decir de esta agua no beberé. De momento, mi intención es no volver a subirme a un escenario para bailar sino seguir avanzando con mi empresa y cuidar a mis bailarines como hicieron conmigo en Salónica.

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