Por: Victoria E. García
¿Desea usted ser feliz? Si es así, permítame contarle mi experiencia. Una vez oí que los pueblos más felices son los que no tienen historia. Pensé que sus habitantes serían muy dichosos y me lancé a la búsqueda. Tras ese tesoro recorrí medio mundo y salvo por el idioma, etnias y costumbres no encontré diferencias: todo prisas, insatisfacción y rabia. Después atravesé cordilleras, junglas y mares. Preguntando aquí y allá llegué, con los pies ensangrentados y el corazón moribundo por la duda, a una aldea cuyo nombre no recuerdo, que no aparece en ningún mapa. Sus alegres moradores me acogieron, curaron mis heridas, me alimentaron y condujeron a presencia de su anciano jefe, con quien hablé del motivo de mi viaje. Conversamos durante horas. Supe que no tenían enemigos, jamás habían guerreado y la naturaleza cubría todas sus necesidades. Me emocioné. ¡Había encontrado lo que buscaba! Pero entonces oí una fuerte disputa.
—¿Por qué riñen? —pregunté al anciano—. ¿Acaso no son felices?
—Piensas que los pueblos sin historia son los más felices —contestó sonriéndome—. Los hombres no, porque todos tienen su propia historia. Si anhelas la felicidad búscala en tu corazón. Sólo allí la encontrarás.







