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martes, 15, septiembre, 2026
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GONZALO CASTELLÓ POVEDA, UN EMPRENDEDOR DEL SIGLO XIX

En esta ocasión daremos a conocer a un emprendedor petrerí nacido en el último cuarto del siglo XIX, Gonzalo Castelló Poveda. Nació en Petrer el 25 de abril de 1877, hace ahora 147 años, siendo bautizado al día siguiente por el sacerdote don José Bevía, cura de la iglesia de San Bartolomé Apóstol, imponiéndole los nombres de pila de Gonzalo Jerónimo Bartolomé Marco

Mari Carmen Rico/ Gonzalo era hijo de Vicente Castelló Navarro y de Antonia Poveda Payá y fue el tercero de cuatro hermanos. Matilde, la mayor, casada con Laureano Payá, regentaron un estanco en la plaça de Dalt; el segundo Vicente, fue el propietario de la célebre fábrica de lonas de Santa Bárbara (1903-1921), vivió en la calle Francos Rodríguez, actual calle Pedro Requena, en una casa que hoy es la sede de la comparsa Moros Beduinos, y donde todavía en una de las rejas de las ventanas se pueden observar las iniciales del que fuera concejal y alcalde del ayuntamiento de Petrer en 1909 y en 1914; y, el más pequeño, Pedro Pompeyo, más conocido por todos como Pompeyo.

El negocio familiar, una tienda de ultramarinos con gran variedad de artículos, debió permitir al matrimonio Castelló Poveda que sus hijos estudiaran las primeras letras con un maestro del pueblo. Gonzalo, heredó y aprendió de su padre el espíritu emprendedor para los negocios y el comercio y a los 18 años de edad ya regentaba en Novelda un próspero negocio de comercialización de azafrán. El 6 de noviembre de 1900 casó con Constantina Rizo Cantó, natural de esa población, donde quedó fijada su residencia, en la calle del Carril. Matrimonio del que nacieron cuatro hijos: Gonzalo, Araceli, Constantina y Vicente.

La buena marcha del negocio le permitió tener representantes en diversos puntos, entre ellos Marruecos, donde mandó a un hombre de su total confianza, que una vez allí realizó un desfalco de una enorme suma de dinero que condujo a la quiebra a Gonzalo Castelló. El apoyo económico de su suegra le permitió sobrevivir, hasta que por indicación de un primo hermano de ésta, que residía en Barcelona y trabajaba en la banca, se trasladó a la ciudad condal. A los pocos días, regresó a Novelda con mucha ilusión y un billete de embarque para un viaje transatlántico a América desde el puerto francés de Le Havre. Durante dos meses permaneció en los Estados Unidos, desde donde volvió con un automóvil y un contrato para representar a los laboratorios farmacéuticos Pfizer en varios países europeos. A estos famosos laboratorios la pandemia de COVID-19 los ha puesto aún más de moda por ser artífices de una vacuna para su tratamiento. El talante emprendedor de Gonzalo le permitió aprender rápidamente inglés y francés con fluidez. Viajaba dos veces al año a Nueva York a rendir cuentas, y allí entabló, más allá de lo estrictamente laboral, una intensa relación con los dueños de la farmacéutica.

Pero hablar de Gonzalo Castelló es hablar de la partida de Santa Bárbara ya que desde junio de 1913 el dueño de la casa principal del caserío, la que fue la casa señorial del marquesado de Noguera.

Su trayectoria empresarial le llevó a fundar en 1907 la firma “Gonzalo Castelló”, y posteriormente “Tártaros Gonzalo Castelló, S.L.”, convirtiéndose en un gran empresario dedicado a la producción y comercialización de sales tartáricas naturales derivadas de los subproductos de la uva, exportando la producción a diversos países de Europa, América, Rusia e incluso Japón. Firma comercial que a lo largo de más de cien años de trayectoria se ha consolidado como un fabricante de referencia mundial en sales tartáricas naturales. Hoy en día las instalaciones industriales están en Salinas, aunque el domicilio social y las oficinas de administración todavía permanecen en Novelda.

A Gonzalo Castelló Poveda también se le conoce por su estrecha vinculación con Santa Bárbara ya que en 1913 compró la casa señorial del marquesado de Noguera con su ermita, a Mª Salud Maestre Sempere. La nieta de Gonzalo, Mª Dolores Fortea Castelló, nos contó que les gustaba mucho ir a esa finca quizás por la proximidad a Petrer donde tenían familia y buenas amistades. Era frecuente que los familiares de Petrer fueran a Santa Bárbara a comer o a merendar. La vida en la casa era muy sencilla y relajada. Delante de la vivienda había unos árboles muy altos y frondosos que proporcionaban una sombra muy agradable. Mientras los mayores charlaban relajadamente los más pequeños jugaban a la comba y a las canicas. Las mujeres hacían labor y visitaban a los vecinos. También la familia Castelló recibía visitas de los amigos y en algunas ocasiones iban a Petrer a visitar a la familia. Después de la guerra ya no veranearon allí porque la casa había sido saqueada y se habían producido muchos daños.

Además, de la propiedad de Santa Bárbara, el empresario Gonzalo Castelló era también propietario de otras fincas en Petrer, entre las que se encontraban la de la Lloma de Dalt, la Lloma de Baix y el Figueralet.

Durante la I Guerra Mundial, y a consecuencia de la guerra submarina declarada en febrero de 1915 por la Alemania del káiser Guillermo II, Gonzalo Castelló perdió un importante cargamento de materias primas necesarias para su industria ocasionándole un grave perjuicio y casi la ruina económica. Ante tal situación se trasladó a vivir a su propiedad de Santa Bárbara. Allí, su esposa Constantino Rizo Cantó hizo la promesa de construir una ermita dedicada a Santa Bárbara si su marido conseguía rehacer la empresa y el patrimonio familiar. Fruto de aquella promesa fue la construcción de una nueva y modesta ermita en un impreciso momento entre 1919 y 1921. Espacio de oración y culto que fue dotada de una imagen de la santa mártir, al tiempo que todos los objetos litúrgicos necesarios para los oficios religiosos, caso de cáliz, pátena, copón, manteles de altar, etc. Ajuar realizado en plata sobredorada y adquirido por Gonzalo Castelló en Barcelona.

Situada enfrente de la casa, en ese momento, propiedad de los Castelló, estaba constituida por una habitación de planta rectangular, de fachada lisa, con tejado a dos aguas y una espadaña con la cruz de Caravaca y una pequeña campana. Su interior quedaba presidido por una única imagen de Santa Bárbara en una hornacina tras el altar. La ermita fue bendecida hacia 1921 por un párroco de Petrer, que ofició la primera misa, tras la cual, y con la calle engalanada con banderolas, se celebró un ágape y fiesta amenizada por una banda de música[i]. Durante toda la década de los años veinte se vino celebrando cada 4 de diciembre la festividad de Santa Bárbara, además de otros oficios religiosos, caso de la misa fúnebre en recuerdo de alma de Patrocinio Reig Alcaraz, esposa de José Mª Bernabé Poveda, fallecida en 1931, y que fue una de las últimas misas celebradas de las que tenemos noticias.

Esta ermita u oratorio privado permaneció en uso discontinuo hasta la Guerra Civil, cuando fue asaltada durante los primeros meses del conflicto, no siendo reconstruida tras la contienda. De aquella modesta ermita, heredera de aquella otra centenaria, sólo se pudieron salvar el cáliz, la patena y algunos manteles gracias a Josefina Alcaraz “la Borrega”, quién antes de que la ermita fuera profanada recogió todo lo que pudo. Objetos litúrgicos que, a mediados de la década de los años 40 del siglo XX, fueron donados por Constantina Castelló Rizo, hija de Gonzalo Castelló, a la iglesia de San Pascual, en Alicante, regentada por los padres capuchinos.

Con 53 años de edad, y dada su condición de empresario y “hombre de orden”, y al igual que sucedió en otras muchas poblaciones españolas, fue elevado a la alcaldía de Novelda, su ciudad de adopción, tomando posesión el 6 de noviembre de 1930 y permaneciendo en el cargo escasos cuatro meses, hasta el 26 de marzo de 1931. Falleció en Marsella, el 5 de abril de 1938, a punto de cumplir los 61 años de edad. Finalizada la guerra europea, sus restos fueron trasladados a Novelda hacia el año 1957.

Hasta aquí una breve biografía de este industrial intrépido nacido en Petrer, pero afincado en Novelda tras su matrimonio. La historia de Santa Barbará y su ermita erigida por esta familia y bendecida en los años 20, así como la vida en este caserío la podéis conocer entrando en bibliopetrer.petrer.es y descargando gratuitamente el libro El marquesado de la Noguera.


 

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