Luis Rico Navarro/ Fue, como era de esperar, habida cuenta del magnífico tiempo que acompañó, un Día de Banderas extraordinario en todos los sentidos. Por la mañana con los típicos almuerzos cuartelilleros y la convivencia festera por las calles de Petrer que estaban a rebosar.
Y por la tarde, el alardo de Capitanes y Rodelas y posterior desfile de Abanderadas hasta la ermita para hacerse la foto de familia con el pertinente saludo a San Bonifacio.









































