14 de abril
Marina Boix
Tras la caída de Cataluña a manos del bando franquista en enero
de 1939, el presidente del Gobierno Juan Negrín se desplazó en
avión hasta Alicante con el fin de organizar allí la resistencia.
Negrín, así como buena parte de la ejecutiva del PSOE y del PCE,
era partidario de organizar una férrea resistencia republicana que
permitiera una paz pactada, una retirada organizada o el tiempo
suficiente para que la Guerra Civil española se integrara en el ya
previsible conflicto bélico europeo que se avecinaba.
Negrín
decidió establecer su lugar de residencia y el del personal
gubernamental vinculado al PCE, así como algunos de los principales
centros de decisión, en la Comarca del Medio Vinalopó. Esta
decisión se debió a la posición de esta zona, alejada del frente
del conflicto, así como a su vinculación con la causa republicana
(debido al vínculo existente entre Emilio Castelar y Elda, ciudad en
la que pasó buena parte de su infancia, a la presencia de numerosa
clase trabajadora y al recibimiento de refugiados y heridos de guerra
provenientes del frente) y a su excelente comunicación con el resto
del territorio: por Elda cruzaba la carretera de Madrid a Alicante,
vía principal de la zona republicana; además, era cercana a los
principales puertos disponibles (Cartagena y, sobre todo, Alicante) y
disponía de red ferroviaria con una estación de tren propia.
Por
ello, algunos historiadores denominan como “Gobierno de Elda” a
este período comprendido entre el 25 de febrero y el 6 de marzo de
1939. La semi-escondida finca de El Poblet, localizada en el
municipio de Petrer, fue el lugar seleccionado para hospedar a
Negrín, y recibió el nombre en clave de “Posición Yuste”. En
los dos últimos consejos ministeriales, celebrados en dicho enclave,
se conocieron las noticias de la dimisión de Manuel Azaña como
presidente de la República, el reconocimiento del bando franquista
por Gran Bretaña y Francia (lo que paralizó la arribada de material
militar soviético), la rebelión de Cartagena y el golpe de Estado
ejecutado dentro del bando republicano por Casado, jefe del Ejército
del Centro en contacto con el espionaje franquista desde meses atrás.
Este, con el apoyo de algunos socialistas y republicanos y de las
tropas anarquistas, se fundamentó en su anticomunismo para rechazar
la autoridad de Negrín, tal y como justificó el periódico El
Socialista, que afirmó que dicho levantamiento se trataba de “una
victoria que impedía que la España republicana se convirtiese en
una colonia soviética”. Esta traición dentro del propio seno
republicano supuso el remate final para que Negrín tomara la
decisión de abandonar España por el pequeño aeródromo localizado
en El Fondó de Monòver. El hasta entonces presidente del Gobierno
se exilió desde esa localización, conjuntamente con otras
personalidades antifascistas, socialistas y/o comunistas como Dolores
Ibárruri, Rafael Alberti o Enrique Líster.
Tras la victoria del
bando franquista llegó la represión y la depuración, tanto física
como ideológica, de cualquier componente contrario al régimen.
Dicha limpieza sistemática fue mucho más explícita, cruel y
violenta durante la etapa del primer franquismo, aunque se acompañó
de un importante adoctrinamiento basado en el nacionalismo español,
el catolicismo, el fascismo y el anticomunismo durante los 40 años
de dictadura franquista. Esto último fue, quizás, el mayor triunfo
del fascismo español: imponer unas bases ideológicas duraderas y
conservadoras sobre las cuales se cimentaría posteriormente el
modelo económico capitalista, ya introducido en el país durante el
segundo franquismo con el abandono del modelo autárquico.
En Elda,
mi ciudad natal, la herencia franquista sigue presente, como en la
mayoría del territorio español. Hasta el año 2016 Franco mantenía
el título de hijo adoptivo de la ciudad, y no fue hasta el año
pasado que los nombres franquistas de 20 calles y plazas fueron
sustituidos. Numerosas placas del Ministerio de la Vivienda
franquista continúan adornando las fachadas de los edificios más
céntricos y antiguos, al mismo tiempo que decenas de pintadas con
consignas nazis, racistas y xenófobas empapan los muros del pueblo.
Además, la precariedad laboral en el sector del calzado, de
importancia capital en esta población, así como la alta tasa de
desempleo (del 19% según los últimos datos oficiales) contribuyen
al descontento generalizado de la clase trabajadora y otros sectores
populares, los cuales buscan desesperadamente un porqué de su
angustiosa situación. En ocasiones, este hartazgo puede hacer
resurgir el discurso franquista del que nos hemos embebido durante
décadas, utilizando los pilares ideológicos fascistas como solución
a nuestra situación actual. A veces, individuos abiertamente
fascistas llegan a organizarse para intentar expandir su discurso
entre el resto de la población, en un intento de revivir aquellos
tiempos “gloriosos” de antaño.
La normalización y
blanqueamiento de dicha ideología permite que esta sea propagada
impunemente, provocando que las organizaciones antifascistas sean las
únicas que les hacen frente directamente y que, en muchas ocasiones,
sean las que acaben sufriendo las consecuencias. En Elda, sin ir más
lejos, existe un local en el que se reúnen fascistas provenientes de
toda la provincia de Alicante desde hace años, y ningún gobierno
local se ha pronunciado al respecto. Asimismo, varios de sus miembros
se han visto implicados en numerosas amenazas, destrozos de viviendas
y agresiones físicas a jóvenes antifascistas de los que, en no
pocas ocasiones, han salido impunes. Por todo esto, solo me queda
preguntarme: ¿dónde se encuentra la memoria?







