La perversidad de la posverdad
La posverdad como cita el Diccionario Oxford reconoce dos
componentes, cuya repercusión en política facilita que salte la
alarma entre quienes la administran e impuesta, queramos o no, por
ciertos poderes establecidos: la primera es la táctica de falsedad
en política, una mentira asumida como verdad, de apariencia y de
ambigüedad manifestada.
Es un buen negocio, sale gratis, al no
observarse ninguna sanción aparente. La segunda, intenta que sea
creíble a ojos de los demás, para que el mensaje político impacte
la mente disipada de gente que no suele pensar, y de esa manera
remueva sus vísceras. Y la Real Academia lo define:-Distorsión
deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el
fin de influir en la opinión pública y actitudes sociales-.
El
fenómeno de la posverdad tiene objetivos concretos: la
incertidumbre, el malestar, la desconfianza o la rebelión contra el
statu quo. Es de carácter pandillero y los conceptos, como la
verdad, pero también la realidad, se disuelven sin apreciarse que
nada venga a sustituirlo. Vivimos en un mundo donde los medios de
comunicación de masas han cambiado la percepción que había de la
realidad. Ya no hay hechos, solo “relatos”, y el anonimato de las
redes sociales es un territorio sin ley.
Un proceso que desvía la
esencia de la verdad y que sea inasible y discutible, por supuesto,
en beneficio de terceros. Y no es menos grave, atacar con falsedades
para difamar la imagen de personas, algo común en estos tiempos en
que las jaurías que andan sueltas muerden sin contemplaciones, cuyo
único propósito es confundir al personal. La verdad, hace tiempo,
que parece que no existe, ya que la verdad se fabrica y hay algún
que otro “maestro” en manufacturarla como mejor le convenga.
El
caso es que las personas solo saben lo que se les dice, sin caer en
la cuenta que lo que debe hacer es analizar para descubrir ciertas
malignas intenciones. Mark Twain es el seudónimo que utilizaba en
sus artículos el escritor estadounidense Samuel Langhorne Clemens
(1835-1910), y según sus palabras:-Por qué las personas que juzgan
constantemente hablan desde el rencor-. Algunos editores
periodísticos muestran su preocupación, buscan la verdad en
política, contrastan los hechos con argumentos y opiniones.
Aclararan los desmentidos que es uno de los fines del periodismo.
Pero cuánto de culpa tienen los medios, o el individuo sin
escrúpulos, que lo acomete en su caótica, lamentable e infinita
variante. Lo cierto, es que nos hemos vuelto perezosos ante algunas
siniestras noticias. Además, somos un nuevo “medio de difusión”:
unos altavoces ideales radiando posverdades. Según los expertos, la
perversidad de la posverdad es la de un perfil de sujeto que antepone
su ideología o mejor dicho, su soberbia, por encima de otros
asuntos.
El ciudadano puede estar en una creencia falsa sin que nadie
ni nada medie para sacarlo de su tremendo error. La política
tradicional no ampara la manipulación como elemento integrante, sino
que al no poder ocultar la farsa, se muestra abierta como si fuera
verdad. Y es que la verdad y la mentira son dos puntos de vista
diferentes, igual que el color negro y el blanco no son dos tipos de
blanco. Digan lo que digan, el respeto por la verdad es el respeto
por uno mismo.
La política, la religión, incluso la ciencia,
queramos o no, siempre ha sido pretenciosa. El poder se reviste de
símbolos, de señas y la obediencia de una débil masa compacta, a
través de las emociones en su identificación. El radicalismo
manifiesta su desprecio a los valores de la razón ilustrada en
democracia; con invenciones que elimine el respeto a la verdad y
dirigirlo a la toxina de la mentira.
La posverdad en las dictaduras o
en los regímenes donde una voluntad establece una verdad dogmatica y
determinante, pero el problema es otro, no atenerse a esa interesada
verdad establecida es duramente reprimido… El Ministro de Educación
Popular y de Propaganda del gobierno de Hitler, Joseph Goebbels,
impuso que: -Una Mentira mil veces repetida (…) se transformaba en
verdad-. Y esa supuesta verdad significo una hecatombe como pocas en
la historia de la humanidad.







