Exhumaciones, profanaciones y la necesidad de asumir, reconocer y aprender
Por: Pablo Amat
Punto
final dicen algunos. ¿Punto final? No debería ser así. Esto tiene
que ser un punto y seguido. Punto y seguido porque, seamos serios,
todavía queda mucho por asumir, mucho por reconocer y mucho por
aprender. Mucho por asumir porque, queramos o no, lo que hubo en
España del 39 al 75 fue una dictadura. Dictadura como las que hubo
en Corea del Sur, Camboya, Cuba y la URSS, pero también como las que
hubo en Chile, Argentina, Italia y Alemania. Y si hubo una dictadura,
al frente de dicha dictadura tuvo que haber un dictador.
Y, nos guste
o no, ese dictador se llamaba Francisco Franco Bahamonde. Dictador
como lo fueron Kim Il-Sung, Pol Pot, Fidel Castro o Iósif Stalin,
pero también como Pinochet, Videla, Mussolini y Adolf Hitler. Y la
exhumación llevada a cabo hoy ha sido un acto de justicia. Camuflada
de simulacro de funeral de estado por parte de la familia del
exhumado, pero acto de justicia. Porque en una “democracia
avanzada” (entrecomillo porque no llego a creérmelo del todo) como
la nuestra, no cabía que el otrora dictador, caudillo y supuesto
salvador de la patria, que sometió a gran parte de este país
durante más de 30 años, pudiera seguir enterrado en un lugar de
peregrinación y culto para muchos y de indignación y vergüenza
para otros.
Mucho por reconocer porque, así como un país como
Alemania ha asumido su historia con todas las consecuencias y todavía
sigue pidiendo perdón por los actos cometidos hace más de 80 años
por el autor de Mein Kampf (lo que viene a ser nuestra película
“Raza”), en este país llamado España (y que si seguimos así,
pasara a llamarse Ex-paña en breve), seguimos negando la mayor y nos
resistimos a asumir nuestro pasado más reciente y las consecuencias
derivadas de mirar hacia otro lado desde hace más de 40 años.
Así,
aunque algunos dicen que no era necesario, otros comentan que en
España hubo una transición modélica (risas enlatadas de fondo) y
algunos más insisten en que hay temas más importantes de los que
preocuparse, yo me pregunto. ¿Puede haber algo más necesario,
modélico e importante que exhumar y desterrar de un lugar de culto
al fascismo para muchos, a alguien que fue responsable de más de
cien mil asesinatos, que sometió a gran parte de los españoles
durante más de 30 años, y que cercenó las libertades de esos
mismos españoles durante ese largo período de la historia de
España? Yo no puedo llegar a imaginarlo, pero prueben ustedes,
prueben. Si lo consiguen, siempre pueden unirse al grupo de los de
“no era necesario”, “hay cosas más importantes” y “menudas
ganas tienen algunos de abrir viejas heridas”.
Y para finalizar, y
no me extiendo mucho más, creo que todavía tenemos mucho que
aprender. Y tenemos que aprender, no para olvidar lo que pasó hace
no tanto, sino para evitar que vuelva a ocurrir y que, todas aquéllas
personas que no lo vivieron, trivialicen sobre esos hechos y no
valoren en su justa medida lo que aconteció durante todo ese tiempo.
Eduquemos sobre los 36 años de dictadura, expliquemos claramente
quién la instigó, por qué lo hizo y cuáles fueron sus
consecuencias. Y no crean que me olvido, expliquemos también lo que
ocurrió durante la II República, hablemos de las checas, de
Paracuellos y de las purgas del Frente Popular.
Llamemos a las cosas
por su nombre. Aprendamos de todo lo que ocurrió, porque esa será
la única manera de que lo de hoy sea visto como un acto de justicia
y no como una profanación. No me gustaría finalizar este escrito
sin hacer referencia a una cita de Elie Wiesel que preside el museo
del Holocausto en Washington y que nos recuerda la importancia de
asumir, reconocer y aprender. La cita en cuestión es “This Museum
is not an answer. It is a question”. Buenas noches y buena suerte.







