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jueves, 17, septiembre, 2026
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Gracias por nada

Gracias por nada

FAMILIA ESTEVE

El pasado día 13 de mayo, se nos encogió el alma al faltar nuestro padre Ventura Esteve Payá. Explico cómo era nuestro padre: desprendía alegría y sencillez a pesar de su enfermedad. Humilde, buen anfitrión y sobre todo amaba y cuidaba con mimo el campo, su querida pedrera.

Trabajador incansable en todos los aspectos, sin soltar nunca la mano de nuestra madre, su ojito derecho. No se separó de ella ni un segundo, solo para irse de este mundo. A continuación paso a narrar como la mala suerte y la poca humanidad hicieron del final de los días de nuestro padre un auténtico calvario para él.

El jueves anterior a su fallecimiento lo llevó la ambulancia al hospital para realizarle una serie de pruebas, ya que para nosotros resultaba imposible trasladarlo en coche por los fuertes dolores que padecía y porque no podía tenerse en pie, dato importante que el personal sanitario pasó por alto y lo forzaron insistiendo en que sí podía y que era una exageración por nuestra parte. Pues bien, llegó a casa después de las pruebas con dolores insoportables y todo amoratado y ahí empezó la odisea.

Desde ese día iba empeorando por minutos, la doctora nos aconsejó que no lo levantáramos de la cama y nos dijo que lo preparaban para que los cuidados paliativos lo trataran después del fin de semana. Desgraciadamente el sábado se puso peor, y de urgencias del centro de salud número 2 vinieron a administrarle morfina. El domingo por la mañana y viendo el sufrimiento de nuestro padre volvimos a insistir para que vinieran a casa, ya que el dolor era insoportable.

Simplemente queríamos que hicieran algo y cumplieran con su obligación aliviando el padecer que tenía. Nos resultaba imposible trasladarlo al hospital ya que no podíamos tocarlo debido al estado avanzado y evidente de lo que nosotros pensábamos y sería su último día de vida. La única contestación que obtuvimos por teléfono era que si no lo subíamos al hospital no podían hacer nada por él.

La desesperación y la impotencia nos hicieron llamar por teléfono más de diez veces; llamadas al 112, urgencias del centro de salud número 2 y urgencias del hospital. En nuestro caso no podemos decir que el nivel de gravedad determina la prioridad en la atención del personal sanitario hacia los pacientes, es decir, que el crimen que cometió nuestro padre fue morir sin que los paliativos llegaran a asignárselos. Pero nuestro padre murió arropado de todos sus hijos, nietos y esposa que estuvimos en todo momento, haciendo fuerza para ayudarle a que el desenlace fuera lo antes posible, que no sufriera más.

Pusimos todos tanto cariño y amor arropándolo, dándole la mano, que pensamos que algo le aliviaríamos. No nos gustaría que nadie pasara por esto, por este motivo nuestro objetivo es remover conciencias y pensar que todo el mundo merece una muerte digna, y digo más, el protocolo no debería anteponerse cuando hablamos de personas. Por eso damos las gracias por nada, como hacía nuestro padre, que ante todo nos enseñó a ser agradecidos.

Desde la más profunda indignación y en homenaje a nuestro padre. Papa, si nada nos salva de la muerte, que el amor nos salve de la vida. P.D: somos los primeros en admirar y agradecer la gran labor que realiza el personal sanitario, pero el trato injusto e inhumano recibido no lo podemos pasar por alto. La VOCACIÓN y la EMPATÍA son cosas imprescindibles que todo profesional que trabaje con personas deben tener como prioridad.  

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