¿Esperanza?
Tal vez durante un tiempo el nombre le hizo honor a sus
expectativas. Ahora parece que su estrella ha declinado y, la que fue
azote de demócratas y progresistas, ha visto como el PP ha
prescindido de sus servicios.
Como presidenta autonómica o como edil
fue nefasta e incompetente, es cierto, pero como cazadora de talentos
no tuvo precio (que se sepa) y pobló la charca conservadora
madrileña de batracios de alto nivel.
Espejo de Madrid la llamó algún amigo.
En efecto, Espe jode Madrid.
Estaba impasible en su hornacina de marfil,
sola y aguantando estoicamente el aguacero.
No quedaba un caballo, una torre o un alfil
que defendiera su honradez, sobre el tablero.
Presidenta omnipresente devenida edil,
chulapona de gesto altivo y altanero,
tuvo en Callao y a medias un carril
que compartían el taxi, el bus y su cajero.
Si en su charca las ranas se vuelven traicioneras
no puede este plumilla negarle una alabanza
tras verla en la Gran Vía midiendo las aceras.
En su defensa, y sólo, romperé una lanza
y así sabrán las generaciones venideras
que ella fue en el pepé madrileño la Esperanza.







