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sábado, 19, septiembre, 2026
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DAGUERROTIPOS: Juan Miguel: Eternamente joven

DAGUERROTIPOS: Juan Miguel: Eternamente joven

De golpe, sin previsión, sin aviso, ha muerto Juan Miguel Martínez Lorenzo, el valiente del ultraligero, el presidente del Grup Fotográfic, el empresario generoso y con empuje, el amigo de todos. No ha tenido siquiera esos instantes de reflexión que el destino otorga al aviador que cae en su nave, que según un poeta: “prevé su muerte”.

 Juanmi era uno de esos seres privilegiados que aunque envejecen por fuera, como todos, se mantienen siempre jóvenes por dentro, que conservan intacta la ilusión de hacer cosas nuevas, el afán de asumir riesgos, la vocación de innovar. Son seres escogidos, casi únicos. No habrá ni uno entre mil como él: gestor, deportista, artista, emprendedor, y, sobre todo, siempre estaba ahí, siempre se podía contar con él. No tenía miedo a nada, asumía todo reto y lo afrontaba con ánimo y empuje.

La marca de su empresa estaba omnipresente en mil actividades porque, como la gente de alma verdaderamente grande, era desprendido, y estaba permanentemente dispuesto a colaborar con cualquier iniciativa de interés para su pueblo. Era persona de pocas palabras. No las necesitaba. Su gestión social en el Grup Fotográfic, su obra artística, su trabajo, su actividad profesional, su vida misma hablaban por él. Era un hombre de acción y ha muerto como tal, practicando el motorismo, una de esas actividades, un poco alocadas, propias de la juventud.

Pero Juan Miguel era un valiente, pero no era un inconsciente. Si lo hubiera sido no hubiera durado mucho con su pequeño avión, con el que tantas veces sobrevolara nuestros valles y montañas, para hacer su fotos, ya únicas e irrepetibles. Porque, era un enamorado de su arte, y además de las fotos “normales” a ras de suelo, él era autor de una obra propia y diferente, fruto de unir sus dos aficiones: el vuelo y la fotografía.

El resultado eran grandes vistas aéreas que todos conocemos, instantáneas publicadas en los medios locales, mostradas en exitosas exposiciones. Hay repartidos por el pueblo grandes paneles que decoran dependencias municipales, casas particulares, despachos y comercios. Son imágenes que ya no serán iguales que hasta hoy, pues en el futuro, al contemplarlas, nos traerán su recuerdo. La muerte le ha venido imparable, imprevista, en forma de un animal que se le cruzó de golpe en una carretera y al hacerlo se cruzó también en su destino, en el de los suyos, y en el de todos los que le apreciábamos y admirábamos.

Ya no podrá mirarnos desde arriba, desde el cielo, cada mañana de domingo. Pero si hay más arriba, si hay otro cielo por encima del que él surcaba con su frágil avión, Juan Miguel nos seguirá observando desde lo alto, seguirá contrastando su vida aventurera con nuestras limitaciones y cobardías, su entusiasmo con nuestra abulia y conformismo, su adolescencia eterna con nuestra vejez prematura, su generosidad con nuestras pequeñas miserias y avaricias. El ya es joven para siempre.

Reiteramos una cita, no por usada menos adecuada para el caso. Como Séneca escribió a un amigo sobre otro: podemos decir de Juan Miguel: Alabemos, pues y contemos entre la muchedumbre de los felices, aquel que, por poco que haya sido el tiempo que le ha tocado vivir ha sacado provecho de su vida. Pues este ha visto la luz verdadera, no fue uno de tantos, vivió y vivió vigorosamente. Porque efectivamente Juan Miguel ha vivido intensa y enérgicamente, no fue uno de tantos… Un pobre consuelo, quizás, para tan grande pérdida.

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