Adiós, amigo Silvestre
Le digo adiós a un amigo al que no sé cuándo volveré a verle,
porque yo creo que nos encontraremos más adelante. Los dos tenemos
el mismo pensamiento. Los dos creemos que Jesús de Nazaret, tras su
muerte, al tercer día resucitó y los dos creemos en la
Resurrección.
Creo que Silvestre está junto a Dios-Padre y Madre
que nos ama entrañablemente y nos acoge y nos acerca junto a Él, no
nos puede dejar aislados, abandonados, olvidados, dispersados. Nos
tiene con Él. Silvestre ha sido hombre polifacético, ha estado
vinculado a muchas entidades culturales, festeras, religiosas,
populares y profesionales, además de crear una familia de sangre con
su esposa e hijos y nietos.
Siempre lo hemos visto en la radio y
televisión retransmitiendo las fiestas de Moros y Cristianos tanto
aquí, en Petrer, como en los pueblos de alrededor. Y lo ha hecho
conociendo bien a fondo los detalles y entresijos de las filas y
comparsas. Siempre ha estado envuelto en estos avatares. También se
ha ocupado y mucho en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad
siendo miembro de la Junta Diocesana, participando como ponente en
muchos Cursillos que han tenido lugar, en llevar y traer a quienes
deseaban compartir por unos días el encuentro con el Señor Jesús.
Y lo ha hecho desinteresadamente, poniendo toda su persona al
servicio de los mismos hasta el final de sus días. En esta tarea
incluyó siempre a su esposa Reme Vera, con quien estuvo vinculado
desde la niñez y de quien ha sido hermano de leche. Silvestre ha
sido hombre de genio, fuerte y firme en sus convicciones, no se ha
doblegado ni le han doblegado, se ha mantenido en su puesto, incluso
con la voz levantada imponiéndose, lo cual es bueno aunque, a veces,
resultara tan fuerte que acabas uniéndote o separándote de él.
Te
podría haber dicho esto y más en tu despedida en la Iglesia
parroquial, pero no era el caso, dado que ya te lo dijo nuestro común
amigo, Don Paco Navarro Perea. De Silvestre yo diré, en el tiempo
que le he conocido, que ha sido buena persona, buen esposo y padre y
buen compañero de camino. Nos veremos cuando Dios quiera, amigo
siempre.







