Así dice el refranero español
Más vale prevenir que no lamentarse
Aunque la pólvora fue
descubierta desde hace mucho tiempo por los chinos, no deja de ser un
elemento bastante peligroso en su manejo, sobre todo si no se tiene
en cuenta toda una serie de normas de precaución que seguidamente
voy a tratar de enumerar.
Como decálogo del buen arcabucero o tirador, que es como le
denominamos, los petrerenses, año tras año, han ido disminuyendo
tiradores y cañoneros a consecuencia de la crisis en la
participación en nuestras fiestas.
También van ciertas lesiones y accidentes que en ellos derivan
algunas nefastas consecuencias como, por ejemplo, el coma etílico en
mucha gente que se les va de las manos el manejo del alcohol, pero al
igual es algo que forma parte de nuestras fiestas y, sobre todo, es
el principal elemento, muy peligroso, junto a la osadía y la
temeridad en el manejo de la pólvora. En exceso el alcohol nubla la
razón, por ello la primera norma ha de ser:
Más vale un trago de menos que un accidente de más.
Toda arma de fuego mal cuidada o en mal estado de funcionamiento
es una arma de doble filo. La presión que origina la pólvora al
incendiarse en la cámara de explosión, como segunda norma dice que
puedas limpiar el trabuco y prepararlo para guardarlo para la
siguiente vez que tengas que utilizarlo, ni decir tiene que está
totalmente prohibido, no debe fumar el tirador ni los de su
alrededor, hay que tener mucho cuidado en las dosificaciones de las
cargas en cada salva o tiro. Normalmente se debe empezar con un
disparo den o más de 12 gramos de pólvora negra, tipo caza,
equivalente a un volumen de unos 12 centímetro cúbicos.
El exceso de carga, aunque hace ruido, un poco más la salva,
presenta un excesivo retroceso de arma por una sobrepresión en el
cañón con riesgo de reventón.
El exceso de carga en el transporte
de la pólvora durante la tirada se efectúa en envases y recipientes
de seguridad con una tapa elástica, para caso de explosión y a ser
posible con dosificador incorporado.
Para el almacenamiento en casa de la sobrante se debe dejar en
sitio fresco y seco, con buena ventilación, lejos de materiales
combustibles y fuera del alcance de los niños.
No es necesario dar cientos de trancazos al arcabuz porque la
pólvora con dos o tres sacudidas es suficiente para cebar la
chimenea y siempre se ha de hacer con el pestillo bajo y sin pistón.
Si al picar el pestillo falla el pistón y no se efectúa el salva,
hay que poner el cañón hacia arriba y contar hasta 10, después
quitar el pistón falluco y colocar otro nuevo.
Si vuelve a suceder
se repite la mima operación. Se vacía la pólvora en la cuneta de
la calzada para evitar que el fogonazo de otro trabuco pueda
incendiarla y se comprueba si se ha atascado la chimenea, que será
lo más probable.
Para tirar hay que ponerse en posición de aguantar el retroceso
del trabuco. Se coloca un pie ligeramente más adelantado que el
otro. No hay que hacer movimiento de giro ni inclinar el trabuco
hacia abajo porque se puede disparar hacia arriba.
Es muy aconsejable usar guantes y gafas de sol para evitar
salpicaduras y quemaduras de la pólvora o trozos que puedan saltar
los pistones.
Nunca se debe coger el trabuco cargado con pólvora por la campana
o boca, ni mucho menos de 10 a 15 metros.
No se debe colocar el pistón en la chimenea hasta el momento
antes del disparo y la pólvora se ha de cargar momentos antes del
disparo también y en el lugar señalado.
En resumen, precaución porque como se suele decir, “las armas
las carga el diablo” y, en algunos casos, también las dispara.







