Por: Juan Manuel Martínez
La frase que titula este escrito pertenece a parte de una de las respuestas que su autor, Luís García Montero, le hace a su entrevistadora Luz Sánchez Mellado en el diario El País de hoy domingo, “…espíritu de esperanza y resistencia.”
Este poeta granadino, con la sensibilidad que atesoran quienes son capaces de elevarse sobre la banalidad mundana, nos invita con esta frase (y tal vez sin que ello fuera su pretensión) a recargar nuestra mente y nuestro estado de ánimo tras la ya inaguantable situación que soportamos desde hace un par de años. La esperanza, como fuente de ilusión inmediata y permanente; y la resistencia, como flujo de fuerza reactiva contra lo que nos amenaza y nos arrincona.
Vivimos tiempos inesperados. Proyectos imaginados y pretendidos que ni tan siquiera han visto la luz. Quiebra de esfuerzos sostenidos en el tiempo que han sido abatidos en contra de nuestro compromiso. Y todo ello, en un marco incontrolable que nos atenaza y nos colma de incertidumbre. Nada es como vislumbrábamos hace unos meses; y lo peor, nada sabemos de lo que acontecerá. La duda permanece, y la pregunta no tiene fácil respuesta ¿Qué puede ocurrirnos si no se revierte la actual situación?
En la misma entrevista, un poco más adelante, Luís nos deja una “perla” que le sale del alma al rememorar las conversaciones últimas que había tenido con su reciente fallecida esposa Almudena Grandes: “Vivir supone pagar el peaje de ver morir a tus padres” (tal vez quiso decir, a tus seres más queridos). El dolor, siempre presente ante la ausencia no deseada ni admitida, como metáfora insalvable de la vida (y tal vez para muchos, la ausencia imperecedera en sus recuerdos y en sus emociones).
En este viaje hacia la nada, aunque la nada también es algo, a buen seguro deberíamos posicionarnos con una actitud ante la vida y junto a quienes la compartimos en nuestro peregrinar (cercanos y extraños) con un pensamiento y un comportamiento cargado de empatía, comprensión y solidaridad. Este sería un motivo para sentirnos cómodos en lo que debe ser un compromiso unánime y continuo de las personas en este año que ahora comienza. La felicidad que todos nos deseamos no es tan solo un derroche de risas; es, ante todo, un sentimiento de plenitud. En ello estamos. Aligeremos nuestras alforjas de egoísmos estériles.







