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sábado, 19, septiembre, 2026
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Los lavaderos, patrimonio de la cultura hidráulica de Petrer

Los lavaderos, públicos y privados, fueron esenciales entre finales del siglo XIX hasta mediados del XX. Muchos de ellos han desaparecidos pero, a lo largo y ancho del término municipal de Petrer, todavía podemos encontrar algunos, entre ellos, el de la Casa de los Villaplana, en L´Avaiol, el de la Finca La Gurrama y el de Catxuli

Los lavaderos no solo se utilizaban para lavar la ropa sino que, también, era una infraestructura necesaria para lavar la lana en las fincas que contaban con ganadería bovina.

Hay que diferenciar dos grandes grupos de lavaderos. Los que se abastecían de agua procedente de alguna mina y que, por regla general, estaban asociados a alguna finca importante y los que su abastecimiento dependía de las correntías de agua del monte y de las lluvias.

A día de hoy, de los pocos que se conservan, destacan dos por ser lavaderos cerrados, bonitos y centenarios, concretamente, el de la Casa de los Villaplana en L´Avaiol y el de la Finca La Gurrama.

No obstante, también podemos encontrar algún lavadero cerrado pero más modesto como es el de la Casa Catxuli.

En el caso de la Casa de los Villaplanas, el lavadero se abastecía de la mina que contaba la propia finca, al igual que sus dos balsas. Mientras que el agua de la balsa y del lavadero de La Gurrama procedía del manantial del Barranc de Badallet desde donde se conducía a través de una canaleta, pasando por El Pantanet, hasta llegar a esa finca.

Otros, sin embargo, eran abiertos y lo formaban una pila y un abrevadero. Algunos de ellos, se encontraban en los patios de las casas, se alimentaban de aljibes que recibían el agua de los tejados o del agua de las correntías que recogían en los caminos.

Mientras que otros muchos lavaderos se construían en el exterior. Un ejemplo de este tipo es el de “El Esquinal”. Ese lavadero cuenta con un sistema de captación de agua, que se decanta antes de llega a un aljibe alargado de obra y desde allí por una canaleta se conduce el agua hasta una pila.

No podemos olvidar que, en aquellos años, una casa de campo, si no contaba con su propio lavadero o balsa, tenía que tener un punto de agua cerca puesto que el agua necesaria para que la familia viviese y prosperase. Esas viviendas contaban con animales de arrastre, como burros, mulas y caballos, para realizar los trabajos agrícolas, con rebaños de ovejas y cabras e, incluso, con una pequeña huerta por lo que el agua era un recurso muy necesario. Además, en estas casas, tampoco faltaban gallinas, conejos y palomos.

Pero Petrer también contaba con un lavadero público que se encontraba, más o menos, en los que hoy es Carrerò de la Bassa, a escasos metros de la Balsa Fonda. Unas infraestructuras que se derribaron en los años 70 cuando se abrió la Plaça de Baix y la calle Constitución.

Los lavaderos forman parte de la historia de un pueblo, del patrimonio de su cultura hidráulica al igual que los aljibes, balsas, fuentes, acequias, molinos de pólvora y harina y las fuentes.

Unos espacios a los que las mujeres acudían a lavar la colada de la casa, la lana de los colchones o la lana obtenida tras esquilar a las ovejas y que, además, se convirtieron en un lugar de socialización, en el que hablaban de sus cosas con bastante libertad y en el que los chismes y rumores corrían como la pólvora.

Allí, las mujeres realizaban una tarea ardua y de gran esfuerzo físico, utilizando el jabón y el azulete que ellas mismas elaboraban.

En concreto, el jabón lo hacía a partir de aceites y grasas mezclados con sosa cáustica mientras que el azuele lo conseguían fermentando pasta con flores azuladas.

Con la canalización del agua que permitió que llegase a las viviendas y la aparición de la lavadora, se inició el declive de los lavaderos, que poco a poco fueron desapareciendo y con ellos infinidad de historias, de experiencias y de anécdotas, protagonizadas todas ellas por mujeres.

Finalmente, como curiosidad o anécdota, cabe destacar que alrededor de los lavaderos, principalmente los públicos, se creo un argot secreto entre las mujeres. Un argot en el que encontramos frases y expresiones como: “Cuidado, que hay ropa tendida”, “Vamos a lavar los trapos sucios” o “Ser chafardero”, entre otras.

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