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jueves, 17, septiembre, 2026

Por si acaso no lo has oído… quiero informarte

Por si acaso no lo has oído… quiero informarte

Recientemente, el miércoles 16 de marzo, fueron presentados los resultados de la asignación tributaria para la Iglesia católica en la Declaración de la Renta 2014. Estamos en estos dos próximos meses presentando nuestras cuentas de gastos e ingresos a Hacienda. Tenemos la oportunidad de marcar la X a favor de la Iglesia y de otros fines sociales, sabiendo que “ni te devuelven menos ni pagas más”. Este es el único impuesto que los ciudadanos decidimos cómo queremos repartirlo y además podemos ayudar el doble. Todos nosotros debemos saber ya que la Iglesia no recibe dinero del Estado, sino de los ciudadanos.

El Estado lo que recauda de los ciudadanos es lo que entrega a la Iglesia católica y aboga porque las otras confesiones religiosas puedan financiarse de esta manera. Somos nueve millones de personas los que marcamos la X a favor de la Iglesia. Es un porcentaje que va creciendo lenta y suavemente, pero en crecida. Marcan la casilla a la Iglesia un 34,35% los hombres y un 35,35% las mujeres. Aumenta la aportación de los contribuyentes a 250 millones en este último ejercicio que es del 2014 y donde más se marca es en las comunidades de Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura y la Rioja. El Gobierno paga a cuenta lo recaudado a comienzos del año y a finales de abril. El ejecutivo socialista y la Conferencia Episcopal acordaron en 2007 que la Iglesia se financiara por la vía del IRPF.

Por tanto recibirá lo que los contribuyentes estimen oportuno. La Conferencia Episcopal tiene un baremo para el reparto de lo recaudado entre las diócesis. Así distribuye según el número de habitantes, de templos, de sacerdotes, de extensión y de renta per cápita. Cada Diócesis reparte lo recibido en las distintas acciones asistenciales, en la conservación del patrimonio, en los gastos de funcionamiento, en la retribución de sacerdotes y del personal seglar e igualmente a los centros de formación. El desconocimiento en este tema nos lleva, en ocasiones y con frecuencia, a errores y equivocaciones.

Si nos informamos hablaremos con certezas. Esta ha sido mi intención al hablar de este tema económico de la Iglesia. Me alegra mucho saber que la Iglesia gasta según lo que recibe de los contribuyentes. Es lo más justo y lo más sano. Desde aquí podemos afirmar: Respeto al contribuyente y respeto al no contribuyente. Esta actitud respetuosa es muy humana y muy cristiana. Gracias, si me lees.  

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