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viernes, 18, septiembre, 2026

Las vacaciones de los años cincuenta

Las vacaciones de los años cincuenta

En este comentario, sobre las vacaciones de los años cincuenta del pasado siglo, no podemos sustraernos el recordar cómo se vivían aquellos veranos, porque lo que propiamente decimos vacaciones, solamente eran los días comprendidos entre el 18 de julio y el 25, festividad de San Jaime.

Antes y después de este paréntesis laboral, considerábamos que el verano comenzaba con la celebración de la fiesta dedicada al Cristo del Monte Calvario, a principio de julio, y terminaba en la que se dedicaba a San Bartolomé Apóstol, el veinticuatro de agosto que, por cierto, era fiesta local a todos los efectos y en el que la comparsa de Estudiantes organizaba unos bailes de gran aceptación, denominados de la “Miss Petrel y sus Damas de Honor”.

En aquellos veranos ya habían privilegiados que, en los distintos campos de nuestro entorno, tenían sus casas o cuevas donde disfrutar de un ambiente más veraniego, informal y distendido que aquellos privados de esta situación. Quien en el pueblo se quedaba, como consolación, tenía una cita casi obligada en los dos bares existentes en la “Foia”, el de Enrique “el Coixa” y el del “Espartero”, de la familia Perea, precursores del centro de celebraciones “Salón Juanjo”.

El conseguir una mesa en estos bares era toda una odisea, sobre todo en las tardes-noches de los fines de semana, tanto que más de uno se acercaba horas antes para hacer reserva de la mesa y, en el buen estar de la zona, poder degustar un buen plato de caracoles o de habas hervidas, aperitivos típicos de estos dos bares y muy solicitados por los clientes. Los que aún no teníamos edad de aperitivos, nos ilusionaba más ir a bañarnos, entre otros lugares, a la “bassa es dos pesetes” (lo que valía el baño) a la de Luis “el de l’Almadrava” o al “Lido” de Elda, que cambiaban el agua cuando parecía chocolate la anterior.

Algunos, en coche, moto o bicicleta, íbamos los domingos a Novelda (piscina de agua salada procedente del nacimiento que existe cerca de Hiberdrola) o a la piscina de Aspe, que considerábamos la mejor del entorno (con el agua entrando y saliendo continuamente). Imaginaos después del baño, almorzar y pasar la mañana tan frescos, coger la bicicleta y por la carretera, cuesta arriba casi todo recorrido, como llegaríamos a casa.

De cualquier manera, en verano o vacaciones, siempre tenías algún amigo o conocido que te invitaba a pasar la mañana o el día en su campo y los que no tenían esa oportunidad o tenían ganar de ir a las playas de Alicante, el autobús de “La Noveldense” hacía varios viajes de ida y vuelta en el día o también podía hacerlo a las distintas playas del litoral con los viajes que ofertaban las Empresas Sogorb (hoy Viajes Tourazor) o “Arocha”, ambas en Elda.

A la vuelta de las ¿vacaciones?, cada cual, en su puesto de trabajo, contaba cómo le había ido el campo, alguna escapada a las playas, las habas y caracoles que comió en la “Foia”… y poco más. Pero es que ayer como hoy, los comentarios vacacionales había que airearlos porque si no parecían menos vacaciones.

Hoy, la mayoría de comentarios giran en torno a detalles en las playas, hoteles, viajes, comilonas, espectáculos y, sobre todo, de las fotos hechas en los distintos lugares…. “Qué, mira que bien me han salido”. Y en nada de vuelta al trabajo, que los que tienen la suerte de tenerlo y conservarlo ya estarán en ello o a punto de estarlo.

Son éstas, situaciones vacacionales que unen recuerdo y actualidad y que aceptada cada cual su vacación, cuando comienza la realidad de la rutina diaria, a cualquier inconveniente que nos pueda surgir, le replicamos con un: “¡que nos quiten lo bailao!”

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