Las vacaciones de los años cincuenta
En este comentario, sobre las vacaciones de los años cincuenta
del pasado siglo, no podemos sustraernos el recordar cómo se vivían
aquellos veranos, porque lo que propiamente decimos vacaciones,
solamente eran los días comprendidos entre el 18 de julio y el 25,
festividad de San Jaime.
Antes y después de este paréntesis laboral, considerábamos que
el verano comenzaba con la celebración de la fiesta dedicada al
Cristo del Monte Calvario, a principio de julio, y terminaba en la
que se dedicaba a San Bartolomé Apóstol, el veinticuatro de agosto
que, por cierto, era fiesta local a todos los efectos y en el que la
comparsa de Estudiantes organizaba unos bailes de gran aceptación,
denominados de la “Miss Petrel y sus Damas de Honor”.
En aquellos veranos ya habían privilegiados que, en los distintos
campos de nuestro entorno, tenían sus casas o cuevas donde disfrutar
de un ambiente más veraniego, informal y distendido que aquellos
privados de esta situación.
Quien en el pueblo se quedaba, como consolación, tenía una cita
casi obligada en los dos bares existentes en la “Foia”, el de
Enrique “el Coixa” y el del “Espartero”, de la familia Perea,
precursores del centro de celebraciones “Salón Juanjo”.
El
conseguir una mesa en estos bares era toda una odisea, sobre todo en
las tardes-noches de los fines de semana, tanto que más de uno se
acercaba horas antes para hacer reserva de la mesa y, en el buen
estar de la zona, poder degustar un buen plato de caracoles o de
habas hervidas, aperitivos típicos de estos dos bares y muy
solicitados por los clientes.
Los que aún no teníamos edad de aperitivos, nos ilusionaba más
ir a bañarnos, entre otros lugares, a la “bassa es dos pesetes”
(lo que valía el baño) a la de Luis “el de l’Almadrava” o al
“Lido” de Elda, que cambiaban el agua cuando parecía chocolate
la anterior.
Algunos, en coche, moto o bicicleta, íbamos los
domingos a Novelda (piscina de agua salada procedente del nacimiento
que existe cerca de Hiberdrola) o a la piscina de Aspe, que
considerábamos la mejor del entorno (con el agua entrando y saliendo
continuamente). Imaginaos después del baño, almorzar y pasar la
mañana tan frescos, coger la bicicleta y por la carretera, cuesta
arriba casi todo recorrido, como llegaríamos a casa.
De cualquier manera, en verano o vacaciones, siempre tenías algún
amigo o conocido que te invitaba a pasar la mañana o el día en su
campo y los que no tenían esa oportunidad o tenían ganar de ir a
las playas de Alicante, el autobús de “La Noveldense” hacía
varios viajes de ida y vuelta en el día o también podía hacerlo a
las distintas playas del litoral con los viajes que ofertaban las
Empresas Sogorb (hoy Viajes Tourazor) o “Arocha”, ambas en Elda.
A la vuelta de las ¿vacaciones?, cada cual, en su puesto de
trabajo, contaba cómo le había ido el campo, alguna escapada a las
playas, las habas y caracoles que comió en la “Foia”… y poco
más. Pero es que ayer como hoy, los comentarios vacacionales había
que airearlos porque si no parecían menos vacaciones.
Hoy, la
mayoría de comentarios giran en torno a detalles en las playas,
hoteles, viajes, comilonas, espectáculos y, sobre todo, de las fotos
hechas en los distintos lugares…. “Qué, mira que bien me han
salido”. Y en nada de vuelta al trabajo, que los que tienen la
suerte de tenerlo y conservarlo ya estarán en ello o a punto de
estarlo.
Son éstas, situaciones vacacionales que unen recuerdo y
actualidad y que aceptada cada cual su vacación, cuando comienza la
realidad de la rutina diaria, a cualquier inconveniente que nos pueda
surgir, le replicamos con un: “¡que nos quiten lo bailao!”