Manifiesto para la jornada mundial por el trabajo decente (7 de octubre de 2016)
En esta Jornada Mundial por el Trabajo Decente, las organizaciones
de Iglesia: Cáritas, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, Juventud
Estudiante Católica y Juventud Obrera Cristiana, renovamos nuestro
compromiso de seguir construyendo y exigiendo una sociedad que
defiende el trabajo decente.
Y ¿por qué?
Porque:
El trabajo
decente es la expresión de la dignidad esencial de los hombres y de
las mujeres.
Un trabajo decente asocia a los trabajadores y a las
trabajadoras al desarrollo de su comunidad.
El trabajo decente
evita la discriminación, respetando a todos y todas.
Un trabajo
decente genera ingresos justos.
El trabajo decente es seguridad en
el lugar de trabajo, permite satisfacer las necesidades de las
familias y asegura su protección social.
Un trabajo decente
defiende que trabajadores y trabajadoras se organicen libremente para
hacer oír su voz.
Un trabajo decente deja espacio para
reencontrarse con las propias raíces en el ámbito personal,
familiar y espiritual.
Un trabajo decente permite el desarrollo
personal y la integración social.
Un trabajo decente asegura una
condición digna a los trabajadores y las trabajadoras que llegan a
la jubilación.
Por todo esto, el trabajo decente debe estar en la
agenda política, en las agendas de las entidades sociales y
empresariales, en nuestras agendas personales…y también en las
propuestas de nuestra Iglesia. Hoy reafirmamos nuestro compromiso en
la defensa del trabajo decente y queremos animar a los responsables
en el Gobierno, a los sindicatos, organizaciones sociales,
organizaciones empresariales y vecinos y vecinas de nuestros barrios
a colaborar para: Poner en el centro a la persona, rompiendo la
actual lógica de pensar y organizar el trabajo desde lo económico y
los intereses de unos pocos.
Plantear en sentido y el valor del
trabajo más allá del empleo: Distribuir de manera justa y digna el
empleo y reconocer socialmente todos los trabajos de cuidados,
necesarios para el desarrollo de la vida.
Luchar por condiciones
dignas de empleo: sin la lucha por la afirmación de los derechos de
las personas en el empleo no es posible humanizar el trabajo.
Articular de forma humanizadora el trabajo y el descanso.
Luchar
para el que acceso a DDHH como sanidad, vivienda, educación, etc.,
no esté condicionado a tener un empleo.
Toda sociedad está llamada
a visibilizar y denunciar, a través de todos los medios al alcance,
la situación de desigualdad en el acceso al trabajo decente y la
negación de dignidad que esto supone. Todos y todas podemos hacer
algo desde nuestras organizaciones y lugares de compromiso.







