Mi madre
Mi madre, Carmen Navarro Quiles, nos dejó un viernes a mediodía,
a los 75 años de edad, después de haber luchado durante un año y
medio contra un cáncer devastador. Se fue serena, y valiente hasta
el final, rodeada de sus hijos y sus nietas.
La recordaremos siempre
por su simpatía, su vitalidad, su carácter jovial y su apertura
mental –¡cuántos estudiantes de AFSE o de Erasmus pueden dar fe
de ello!—, su fuerte personalidad y, sobre todo, su coraje, su
valentía: mi madre ha sido, sin duda, la persona más valiente de mi
familia. A pesar de que sabíamos que su enfermedad no tenía
remedio, no nos acabamos de creer que ya no la tengamos entre
nosotros, y estamos muy tristes.
Sin duda, la charemos mucho en
falta. Pero al mismo tiempo nos sentimos orgullosos de ella –y
agradecidos, por supuesto— por todas las numerosas muestras de
condolencia y de afecto que nos habéis dado estos días –y que, no
es un decir, nos han ayudado mucho a aliviar el dolor—, porque nos
han hecho ser realmente conscientes de cuánta gente la ha querido,
apreciado y admirado a lo largo de su vida.
Su última voluntad: ser
incinerada y que sus cenizas sean esparcidas en el mar Mediterráneo
que baña Menorca, la isla donde ella y sus hermanos tan felices
fueron durante su infancia y adolescencia en Mahón. ¡Adiós, mamá,
buen viaje! ¡Gracias por todo!
T´he llogat mare
la lluna d’estos dies
per a que la llum
amare el teu cos
en les tenebres.
El cos maleït sap el que fa,
a desgrat de l´últim combat
Fins ben prompte mare