Ser o no ser, ¿cuestión de suerte?
El 27 de septiembre, me dirigí a mi centro de salud con el fin de
solicitar un duplicado de la tarjeta sanitaria de mi hija menor de
edad; el motivo es que al ser padre divorciado podría darse el caso
de que en algún momento en el que la niña estuviese a mi cargo,
precisase atención sanitaria, por lo que lo consideré conveniente
como padre que no convive con la madre.
Comentar que ese día me sentí discriminado e indefenso debido al
trato recibido por parte de una trabajadora del Centro. Al llegar
empecé a hablar con una de las empleadas de mostrador, la cual me
atendió de forma muy correcta; le expuse el tema, facilitándome el
modelo de solicitud que disponían para estos casos, comentándome
que el solicitante debía adjuntar al mismo la fotocopia del DNI y de
la sentencia judicial del divorcio.
A ésto le dije si podía evitar
traer la sentencia completa, por su extensión y por considerar que
no tendría sentido, además de vulnerar la intimidad de las
personas, argumentando que no importaba el fallo o resolución de la
misma. En ese instante y al oírnos, apareció una tercera persona la
cual quiso tomar parte; ésta, con sus aseveraciones, me hizo sentir
muy mal ya que según su tajante “criterio”, las tarjetas
sanitarias eran personales e intransferibles y éstas deberían ir
con la persona (en este caso una niña) a todas partes; además me
preguntó si yo tenía la custodia compartida, porque según afirmaba
de no ser así ni me correspondería. En definitiva, esta persona,
terminó echando por tierra el modelo de solicitud confeccionado a
tal efecto; sus otras dos compañeras, la que inicialmente me atendió
y otra presente, estaban sorprendidas con las afirmaciones de esta
tercera persona.
Esta empleada, no se puso en ningún momento en mi lugar, como
persona a la que se le debe un respeto. Ante tal agravio e
indignación, y considerando que la situación era ilógica e
injusta, decidí acudir a otro Centro de salud para conseguir mi
propósito y lo que yo creía un legítimo derecho. Decir que en este
otro Centro, no me pusieron inconveniente alguno, al contrario, tuve
un trato muy amable, de hecho hasta pregunté si era suficiente con
la presentación de las tres primeras hojas de la sentencia a lo que
me dijeron que no habría problema.
Mi intención con este escrito, es la de contar mi experiencia
personal para que otros ciudadanos tengan conocimiento de que muchas
veces nos conformamos por no conocer nuestros derechos y que hay
algún empleado/a, que por los motivos que sean, no está a la altura
o bien cree que poniendo problemas es más relevante. Además de
manifestar que estas cosas no deben dilucidarse a criterio o antojo
personal, sino que el derecho no se suplica, se tiene o no y no ha de
depender de ningún otro aspecto, ya que con lo sucedido te das
cuenta que bajo unas mismas Normas, a veces estamos en manos de “la
suerte”, o sea, de quien te gestione.
El 2 de noviembre, gracias a no darme por vencido y a la “fortuna”
de ser atendido por una empleada eficiente y que conocía
perfectamente su función, conseguí mi propósito.