El egoísmo y el miedo que levantan barreras
El 1816 el Parlamento de Inglaterra estudió una petición
consistente en limitar la jornada de trabajo en la industria textil
para los menores de 18 años ¡a doce horas! Y en prohibir el trabajo
de los menores de 10 años. No se aprobó.
Los empresarios afirmaban
que las muchas horas de trabajo son buenas para los niños, educan su
“carácter”, los hace “laboriosos”. Si se limita el trabajo
de los niños, decían, “no podremos competir y será la ruina del
país”.
Su egoísmo (ganar siempre más) y su miedo (a perder algo
de sus muchas ganancias), les cegaban y les hacían decir y cometer
atrocidades. El egoísmo y el miedo levantan barreras de inhumanidad.
Hoy, doscientos años después, en nuestros países ricos, el egoísmo
y el miedo que nacen de la idolatría del dinero, levantan barreras y
muros de intolerancia y de rechazo a los otros.
Algunos dirigentes y
grupos defienden auténticas barbaridades y promueven comportamientos
carentes de toda humanidad, enmascarando con sus discursos y
prácticas la codicia de unos pocos.
Donald Trump en Estados Unidos,
nacionalismos excluyentes en Europa, grupos de extrema derecha que
alientan la xenofobia, el rechazo de los “extranjeros” (pobres),
la mezquina y vergonzosa política de blindaje de fronteras y rechazo
de los refugiados…
Pero lo peor es el respaldo o la indiferencia
que estas posturas encuentran en sectores no pequeños en la
sociedad. Sin ello apenas serían nada. La inseguridad permanente en
que las políticas de la codicia sin límites han situado a tantas
personas y familias, fabrican miedo y corroen nuestra humanidad.
El
egoísmo y el miedo que nos encierran en nosotros mismos y levantan
barreras de inhumanidad sólo tienen un remedio: la conciencia de la
fraternidad.