Matices y deseos navideños
Matices navideños.
Se acercan días entrañables donde las luces
navideñas centellean en los pueblos. Son fechas donde se instala un
alumbrado especial que también forma parte del reclamo de un turismo
que acude a las ciudades para presenciar extraordinarios destellos de
luz, comprar en comercios o acudir a restaurantes.
Pero al filo de la
media noche en ciertas calles adyacentes brilla la penumbra ante la
presencia de indigentes que se cobijan del frio en cajas de cartón,
para ellos la Noche Buena son solo sombras. Me viene a la memoria el
fallecimiento de una anciana en la localidad de Reus el pasado mes de
noviembre de 2016, tras incendiarse su domicilio por una vela con la
que se alumbraba, por haberle cortado el suministro eléctrico por
falta de pago.
Es otro ejemplo sobre el atentado a la dignidad que
el ser humano merece. La conciencia sobre la pobreza enérgica y sus
consecuencias debe ser básico la luz, el gas o el agua. Hay
asociaciones loables, como Caritas, que se ocupan de los recibos de
luz, pero los países avanzados de Europa, las personas que no
tienen recursos, la electricidad la tienen asegurada con carácter
gratuito los meses invernales.
Deseos navideños.
Si nos acercásemos
estas navidades al metro de Madrid veríamos en sus andenes al actor
y escritor Carlos García de Olalla (Barcelona, 1957) que, acompañado
de su madre, la escritora que ha publicado varios libros Cristina
Maristany (Barcelona, 1933), con una pensión de poco más de 600
euros, ofrece función de poesías en la línea nº 2, de 11 a 13
horas y de 17 a 19 horas para poder salir adelante.
Lo hacen, no solo
para poder comer sino para denunciar una situación “alarmante”.
Para ambos, madre e hijo, lo que hacen es compartir una
reivindicación, las estadísticas dicen que solo ocho de cada cien
actores viven de su profesión; el 57% de los artistas no logran
trabajar en su función, y quienes lo consiguen, más de la mitad no
supera los 3.000 mil euros de ingresos al año.
Carlos Olalla es un
actor profesional al que hemos visto en un centenar de series
televisivas y en películas como actor de reparto. Decidió hacer
pública su situación en mayo de 2015, cuando tres años antes el
gobierno impuso el IVA cultural del 21%, hasta esa fecha se aplicaba
el 8%, coincidió con la quiebra de las empresas teatrales y
cinematográficas que ha sido continua.
Es absurdo considerar la
cultura como un artículo de lujo como si fuera un coche de alta
gama, las apuestas o bebidas alcohólicas. Es cierto que un hospital
o una escuela es más importante, pero la cultura sirve para fomentar
la reflexión y el pensamiento, beneficia a las personas y las hace
más cultas.
Es el propio actor Olaya, desde el metro de Madrid,
quien explica que el teatro es un acto de resistencia y él desea
resistir: -Estamos aquí para leeros unos poemas porque estamos en
paro como la mayoría de nuestros compañeros de profesión, y
queremos reivindicar algo que nos afecta a todos: que en este país
los artistas puedan vivir de su trabajo.
Creo que lo estamos haciendo
es algo muy digno, y refleja la situación por la que pasamos la
mayoría de actores y actrices. En nuestra hambre y en nuestra
dignidad mandamos nosotros, no ellos; y la dignidad es lo único que
nos queda-. (De Castro, 2016.11.25:58)