Carta de uno de Almería
Ausente de mi patria chica, me dirijo a este pueblo de Petrer y le
quiero dedicar estas letras con cariño pues es mi pueblo natal y con
el paso de los años no te puedo olvidar. Por etapas de la vida que
no se pueden citar yo, como muchos de Almería, allá por el año
1957, nos tuvimos que ausentar de este pueblo tan hermoso del que
siempre estuve celoso por no poder disfrutar de sus calles, de sus
gentes, de ese bonito ambiente que se hace ahí tan familiar.
Con el
paso del tiempo acuso más mis sentimientos de esta bella ciudad. Qué
satisfacción más grande siento cuando voy a esta ciudad y al pasar
por esas calles, en las que en mi infancia pude jugar, sin darme
cuenta me embarga la alegría y un buen estar que se me abren los
pulmones y hasta respiro mejor. En algunas ocasiones, ya lo he
comentado, digo que hay veces que de la emoción se me alarma el
corazón y empieza con sus latidos.
Es posible que al hacerme mayor
me voy haciendo más frágil o es que a este pueblo le tengo mucho
amor. Con mi gran melancolía cuánto te he posdido añorar, ¡ay!
Almería de mis amores, para que más comentar. Con toda la sencillez
que me envuelve en este escrito sin ser la primera vez que a Petrer
me dirijo, no podía pasar por alto la virgen del Remedio, nuestra
patrona de Petrer, que con gran fervor veneramos y creo que no queda
ausente en la mente de ningún petrolanco y aparece en nuestras
plegarias por muy lejos que nos encontremos.
Con todo el talante
nuestro, que sabemos pasear, les quiero dar las gracias y también
agradecer a los petrolancos, este pueblo tan sano que lo han sabido
florecer. Sigan dándose la mano para poder fomentar esa industria
zapatera que tanto trabajo nos dio a los que vinimos de fuera. Me
siento congratulado al decir mi verdad y poder continuar diciendo
Viva San Boniofacio y Viva Petrer, con mucha dignidad. Felicidades y
hasta siempre.