Vestido de novia
Esta semana, el Museo Dámaso Navarro centra esta sección en uno
de los elementos más elegantes y que más llama la atención a los
visitantes más jóvenes que se acercan a conocer las casas-cueva de
la muralla: el vestido de novia. En concreto, es un vestido de novia
atípico para lo que estamos acostumbrados a conocer hoy en día,
pero no así hace décadas, tal y como recordarán las personas más
mayores quienes también podrían hablar de cómo eran las bodas
antes y las numerosas diferencias que tenían respecto a las de
ahora.
Se trata pues de un vestido de mediados del siglo XX,
concretamente del año 1952. Sorprende el color negro pero tanto éste
como el blanco eran comunes en las bodas de la centuria pasada. En
pequeñas decisiones, hoy podemos ver el reflejo de una realidad
social, puesto que el blanco, preferido por las novias y sinónimo de
pureza, era elegido por familias adineradas; mientras que por lo que
nos han contado vecinos de Petrer, el color negro se utilizaba por
dos motivos: bien porque la novia -y por extensión la familia-
estaba en periodo de luto, que en aquellos años era de meses y años;
o bien porque al ser de color negro, podía utilizarse tanto para la
boda como para otros eventos sociales.
Aún así, la elección de un
vestido de color blanco podía ser el reflejo de la ilusión de la
novia por la boda anteponiéndose a la economía familiar. El vestido
de novia que aparece en la fotografía perteneció a Remedios Sanz
García, y con él se casó con Ángel Andrés Ballesteros. Es un
vestido elegante, de organza negra y con apliques de terciopelo. En
la foto de la boda se puede ver cómo se conjuntaba con un bolso y
guantes, también de color negro, y prendido al cuello, a modo de
adorno, llevaba una flor blanca.
El vestido está expuesto en las
casas-cueva de la muralla convirtiéndose en una extension del Museo
Dámaso Navarro tras la rehabilitación del castillo y las
casas-cueva en el año 2009. Concretamente está situado en el
recibidor del piso superior, en una sala en la que el mobiliario y el
vestido nos recuerdan unos hábitos sociales instaurados en la
sociedad petrerina de mediados del siglo XX.







