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viernes, 18, septiembre, 2026
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La buena escritura

La buena escritura

Quienes cultivamos conductas y sentimientos en las esencias de un alma existencialista -o pretendiendo al menos acercarnos a ella-, nos despierta atención todo aquello que tiende hacia la pureza de las cosas. De este modo, las manifestaciones filosóficas y artísticas, al igual que las muestras de solidaridad privadas y continuadas, así como el compromiso social activo y altruista, tienen la virtud de elevar el factor humano muy por encima de las banalidades nada ejemplares en las que nos vemos envueltos a todas horas, vía Medios de Comunicación.

Navegamos al pairo del viento ocasional y nos dejamos llevar con un rumbo acomodado que, por cansino y poco gratificante, no nos apetece mantener en innumerables ocasiones. Es por eso –precisamente por eso- que, cuando nos llega el resplandor de algo inusual que nos hace salir del letargo cotidiano, despierta nuestra conciencia, la activa y la encauza hacia esa “necesidad” de valorar que, los seres humanos, no somos entes inanimados instalados en nuestras irracionalidades, sino entes pensantes y reflexivos capaces de llegar a escapar del extraño cerco de lo intranscendente.

Digo todo ello, por la superficialidad habitual con que se atienden las Humanidades y las Artes, desde la conversación y las atenciones rutinarias superfluas, y que –en ocasiones- se ven “sacudidas” por la presencia de alguien que quiere decirnos “algo más”. No es cuestión de instalarse en un permanente estado filosófico, pero sí de atender y valorar a quienes nos trasladan ideas, mensajes y propuestas que ayudan a armonizar criterios y actitudes. Hace un par de semanas, en El Carrer, de nuevo un joven escritor de Petrer: David Llorente Cortés, nos ilustra con una propuesta inusual en torno al uso del lenguaje “amanerado” de quienes –con la mejor voluntad- tratan de reforzar un mensaje de corte igualitario-feminista cuando se dirigen, de manera oral o escrita, al conjunto social.

Muy acertadamente, David nos lleva a la precisión del uso de los términos catalizadores de esa inadecuada utilización del lenguaje. Un dardo certero. Creo que estamos ante un joven escritor, muy prometedor, al que los poderes públicos deberían prestar mayor atención e impulsarle en sus sufridos intentos de creación literaria. David, ya me sorprendió con un artículo profundo que El Carrer publicó hace unos meses, en el que reflexionaba sobre el binomio: Medio Rural “versus” Medio Urbano.

Solo por ello, para estas próximas vacaciones de Primavera, voy a recomendarle a mis alumnos (y a todos aquellos que les guste leer o regalar libros) que disfruten de su primera novela: “De dragones y hombres”. He detectado en David, un sentimiento reflexivo, cabal, objetivo y preciso, acompañado de un estilo seguro y limpio, de buena escritura bien encadenada. (Todo muy prometedor).

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