La buena escritura
Quienes cultivamos conductas y sentimientos en las esencias de un
alma existencialista -o pretendiendo al menos acercarnos a ella-, nos
despierta atención todo aquello que tiende hacia la pureza de las
cosas. De este modo, las manifestaciones filosóficas y artísticas,
al igual que las muestras de solidaridad privadas y continuadas, así
como el compromiso social activo y altruista, tienen la virtud de
elevar el factor humano muy por encima de las banalidades nada
ejemplares en las que nos vemos envueltos a todas horas, vía Medios
de Comunicación.
Navegamos al pairo del viento ocasional y nos dejamos llevar con
un rumbo acomodado que, por cansino y poco gratificante, no nos
apetece mantener en innumerables ocasiones.
Es por eso –precisamente por eso- que, cuando nos llega el
resplandor de algo inusual que nos hace salir del letargo cotidiano,
despierta nuestra conciencia, la activa y la encauza hacia esa
“necesidad” de valorar que, los seres humanos, no somos entes
inanimados instalados en nuestras irracionalidades, sino entes
pensantes y reflexivos capaces de llegar a escapar del extraño cerco
de lo intranscendente.
Digo todo ello, por la superficialidad habitual con que se
atienden las Humanidades y las Artes, desde la conversación y las
atenciones rutinarias superfluas, y que –en ocasiones- se ven
“sacudidas” por la presencia de alguien que quiere decirnos “algo
más”.
No es cuestión de instalarse en un permanente estado filosófico,
pero sí de atender y valorar a quienes nos trasladan ideas, mensajes
y propuestas que ayudan a armonizar criterios y actitudes.
Hace un par de semanas, en El Carrer, de nuevo un joven escritor
de Petrer: David Llorente Cortés, nos ilustra con una propuesta
inusual en torno al uso del lenguaje “amanerado” de quienes –con
la mejor voluntad- tratan de reforzar un mensaje de corte
igualitario-feminista cuando se dirigen, de manera oral o escrita, al
conjunto social.
Muy acertadamente, David nos lleva a la precisión del uso de los
términos catalizadores de esa inadecuada utilización del lenguaje.
Un dardo certero.
Creo que estamos ante un joven escritor, muy prometedor, al que
los poderes públicos deberían prestar mayor atención e impulsarle
en sus sufridos intentos de creación literaria.
David, ya me sorprendió con un artículo profundo que El Carrer
publicó hace unos meses, en el que reflexionaba sobre el binomio:
Medio Rural “versus” Medio Urbano.
Solo por ello, para estas próximas vacaciones de Primavera, voy a
recomendarle a mis alumnos (y a todos aquellos que les guste leer o
regalar libros) que disfruten de su primera novela: “De dragones y
hombres”.
He detectado en David, un sentimiento reflexivo, cabal, objetivo y
preciso, acompañado de un estilo seguro y limpio, de buena escritura
bien encadenada. (Todo muy prometedor).







