Sin cambios no hay margaritas
Semillas de ardiente sol. Escribo estas líneas el 10 de marzo de
2017 con un sol de gama enamoradiza. Frente a mi ventana la primavera
parece que ha llegado muy temprano, deslizándose silenciosamente y
desplegando suaves aromas templadas de esplendoroso añil. Despuntan
las mimosas que son las primeras en florecer como soles perfumados;
no tardan en abrirse las camelias con su blancura, roja y rosada. Las
pálidas flores de los magnolios o las hortensias empiezan a
encandilar.
En la campiña brotan abundantes margaritas con sus
pétalos blancos y semillas de ardiente sol, de prímulas verdosas y
miosotis azules. No es necesario penetrar en Góngora para comprender
la simpatía de Lorca por poetizar entre flores.
Pero es Machado
quien escribiera unos versos florecidos a su estimado Palacio:
Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas
de los chopos
del río y los caminos?
Hay zarzas florecidas
entre las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba…-.
Germinar el cambio. Como es posible que en medio de tanta
belleza, los días preliminares se amontonen los espinos ofreciendo
con desparpajo el cambio de tan feroz y gélida nombradía. Es una
algarabía carente de corazón que menosprecia la sencillez de un
tallo comedido. Los esperpentos chivos con sus barbas canosas y
ojeras infladas engullen plantas nocivas en el zarzal, y protegidos
por una maloliente barrera de excrementos, apabullan casi siempre e
importunan siempre.
Persisten trepar con sus toscas pezuñas aunque
padezcan ardor de estomago. Son de apariencia pulcra pero carentes de
humanidad. Pretenden ramonear las margaritas, sin preocuparles si sus
alargados pétalos sea número par o impar.
Son mamíferos saturados
de salivazo en sus ásperas orejas, que emigran de los terrenos
pantanosos, y desorientados van al abrevadero saturado de lodo y de
inmundicia. Cabezones sin enmienda que asestan cansina pajarota.
Ya
lo dijo un inspirado Antonio Machado (1875-1939): -La España de
charanga y pandereta-.
Pero la delicada flor se adelantó a las
turbulencias del frío como si fuera un tratado de ética, un ejemplo
de enseñanza moral en los malos tiempos que corren. De esta sencilla
manera se entiende el desacierto de ciertos especímenes cuando
expresan la imposibilidad de captar la más pura realidad, ya que no
hay que adaptarse al cambio, sino hay que generarlo para que germinen
hermosas flores.







