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viernes, 18, septiembre, 2026
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Sin cambios no hay margaritas

Sin cambios no hay margaritas

Semillas de ardiente sol. Escribo estas líneas el 10 de marzo de 2017 con un sol de gama enamoradiza. Frente a mi ventana la primavera parece que ha llegado muy temprano, deslizándose silenciosamente y desplegando suaves aromas templadas de esplendoroso añil. Despuntan las mimosas que son las primeras en florecer como soles perfumados; no tardan en abrirse las camelias con su blancura, roja y rosada. Las pálidas flores de los magnolios o las hortensias empiezan a encandilar.

En la campiña brotan abundantes margaritas con sus pétalos blancos y semillas de ardiente sol, de prímulas verdosas y miosotis azules. No es necesario penetrar en Góngora para comprender la simpatía de Lorca por poetizar entre flores.

Pero es Machado quien escribiera unos versos florecidos a su estimado Palacio:
Palacio, buen amigo,
¿está la primavera
vistiendo ya las ramas
      de los chopos
del río y los caminos?

Hay zarzas florecidas
entre las grises peñas,
y blancas margaritas
entre la fina hierba…-.

Germinar el cambio. Como es posible que en medio de tanta belleza, los días preliminares se amontonen los espinos ofreciendo con desparpajo el cambio de tan feroz y gélida nombradía. Es una algarabía carente de corazón que menosprecia la sencillez de un tallo comedido. Los esperpentos chivos con sus barbas canosas y ojeras infladas engullen plantas nocivas en el zarzal, y protegidos por una maloliente barrera de excrementos, apabullan casi siempre e importunan siempre.

Persisten trepar con sus toscas pezuñas aunque padezcan ardor de estomago. Son de apariencia pulcra pero carentes de humanidad. Pretenden ramonear las margaritas, sin preocuparles si sus alargados pétalos sea número par o impar.

Son mamíferos saturados de salivazo en sus ásperas orejas, que emigran de los terrenos pantanosos, y desorientados van al abrevadero saturado de lodo y de inmundicia. Cabezones sin enmienda que asestan cansina pajarota.

Ya lo dijo un inspirado Antonio Machado (1875-1939): -La España de charanga y pandereta-.

Pero la delicada flor se adelantó a las turbulencias del frío como si fuera un tratado de ética, un ejemplo de enseñanza moral en los malos tiempos que corren. De esta sencilla manera se entiende el desacierto de ciertos especímenes cuando expresan la imposibilidad de captar la más pura realidad, ya que no hay que adaptarse al cambio, sino hay que generarlo para que germinen hermosas flores.

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