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viernes, 18, septiembre, 2026

Anglosajones y mediterráneos

Anglosajones y mediterráneos

Sería más que pretencioso por mi parte, hacer una vasta semblanza de la cultura y la idiosincrasia de la Europa Anglosajona y la Mediterránea, de las cuales no tengo suficientes conocimientos. No obstante, sí me gustaría compartir algunas pinceladas vividas en primera persona y alguna modesta opinión personal. Permitidme empezar por una obviedad y es que en general las cosas de por sí, no son buenas ni malas, sino diferentes en cada cultura o país.

En este sentido, decir de entrada que entre la Europa “rica” y ordenada del norte, prefiero vivir al “caloret” del Mediterráneo. Empezaré por una simpática anécdota desayunando en un hotel de Ámsterdam en 1975. Por cuestiones comerciales habíamos quedado José María Verdú, gerente de la Caja de Crédito, (para los más jóvenes, padre de Jota, ver instantánea en fotos antiguas), el empresario Manolo García, de la emblemática fábrica García y Navarro, su mujer Josefina Flores, que le acompañó y yo, que llegué de Salzburgo donde había terminado un pequeño curso de alemán.

Ella pidió un poco de leche caliente para el café, pero a pesar de la buena voluntad del camarero (casualidades de la vida, compañero mío de trabajo en un barco, seis años antes) no fue posible, pues solo había una crema espesa. Al recordar el chascarrillo de José María todavía me río; le dijo ”José Finita ací hi ha dos millons de vaques, però no un poc de llet per al teu café”. Y es que las pequeñas improvisaciones no suelen ser lo suyo, no esperemos que en los platos combinados nos cambien la longaniza por la morcilla, por nombrar un ejemplo, nos dirán que no puede ser, más bien con cara de pocos amigos.

Podríamos citar más cosas similares, sin embargo no me duelen prendas reconocer y admirar con una sana envidia cómo administran el dinero ajeno y la poca corrupción que hay, así como su planificación de las cosas a largo plazo. Sería difícil en Holanda o Alemania, ver aeropuertos o estaciones del AVE ruinosas (construidas por ambos partidos) o mal ubicadas como la comarcal nuestra de Villena; de los accesos mejor no hablar. Incluso construcciones faraónicas que no se pueden mantener.

También la envidia nos diferencia, es el caso de la sección de una empresa alemana (casi todos españoles), en la que pusieron al más cualificado al frente y hubo que destituirlo de su cargo por las envidias; no es el único caso. Sobre la ostentación, todos nos acordamos cuando en la década de los 60-70 los emigrantes procuraban venir con un buen coche. Aunque pasaran alguna penuria allí; pude comprobar cómo directivos de empresas y la mayoría de holandeses iban a trabajar en bicicleta; por otro lado italianos y españoles, casi todos en coche.

Sobre este tema la divertida película “Mi gran boda griega”, también nos da una pista. Mientras que la familia de la novia (griegos), querían fastos y grandiosidad, los padres del novio anglosajones, se conformaban con algo sencillo. Debo decir que mis comentarios y experiencias pertenecen a los años 70 y que los intercambios de los Erasmus (más que positivos), han podido cambiar algunos tópicos y percepciones. A continuación comentaré una charla con un diseñador de zapatos holandés, al que solía acompañar a fábricas de calzado, a menudo comíamos juntos, y como se suele decir, hablábamos de “lo divino y lo humano”.

Recuerdo una vez, conversando sobre la percepción que se tenía de los mediterráneos en el mundo anglosajón, me vino a decir; no sin cierto pudor, que a lo mejor no éramos todo lo organizados que deberíamos: no muy disciplinados, eso de vuelva usted mañana, etc. y la clásica frase de “esto no va por ti”. Pues nos teníamos una relativa confianza; pero claro, aquí apareció aquello no escrito de tocarnos un poco la fibra latina, que entre nosotros y nuestros familiares conocemos nuestros defectos y nos los decimos, eso sí, pero que no nos los critiquen o digan los de fuera. En plan relajado le contesté, es verdad que la revolución industrial de los últimos 200-300 años, la habéis sabido gestionar mejor que los países del sur creando riqueza y una amplia clase media, pero en el siglo X cuando en Holanda y parte de la Europa del norte solo había tribus luchando contra los vikingos y poco más, Ámsterdam ni siquiera existía, pues se fundó en el siglo XIII.

En Córdoba (por ejemplo), ya teníamos duchas, sabiduría y refinamiento y que la historia siempre ha tenido sus ciclos. No le mencioné que fueron colonia nuestra (aún asustan a los niños con que viene el Duque de Alba) igual se pasó un pelín el señor Duque. Afortunadamente, nuestros Tercios de Flandes locales son menos beligerantes y más divertidos. Significativo es, que Carlos I de España y V de Alemania, emperador nuestro y de Flandes en aquella época, eligió para su retiro, España, teniendo toda Europa para escoger (por algo sería y no solo por el sol, que también). Como siguen haciendo quinientos años después, decenas de miles de anglosajones, por cierto bastante más cultos y educados (a excepción de los hooligans ingleses), de lo que fueron sus antepasados, conocidos en el sur, durante siglos por los bárbaros del norte.

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