DAGUERROTIPOS: Juan Miguel: Eternamente joven
De golpe, sin previsión, sin aviso, ha muerto Juan Miguel
Martínez Lorenzo, el valiente del ultraligero, el presidente del
Grup Fotográfic, el empresario generoso y con empuje, el amigo de
todos. No ha tenido siquiera esos instantes de reflexión que el
destino otorga al aviador que cae en su nave, que según un poeta:
“prevé su muerte”.
Juanmi era uno de esos seres privilegiados
que aunque envejecen por fuera, como todos, se mantienen siempre
jóvenes por dentro, que conservan intacta la ilusión de hacer cosas
nuevas, el afán de asumir riesgos, la vocación de innovar. Son
seres escogidos, casi únicos. No habrá ni uno entre mil como él:
gestor, deportista, artista, emprendedor, y, sobre todo, siempre
estaba ahí, siempre se podía contar con él. No tenía miedo a
nada, asumía todo reto y lo afrontaba con ánimo y empuje.
La marca
de su empresa estaba omnipresente en mil actividades porque, como la
gente de alma verdaderamente grande, era desprendido, y estaba
permanentemente dispuesto a colaborar con cualquier iniciativa de
interés para su pueblo. Era persona de pocas palabras. No las
necesitaba. Su gestión social en el Grup Fotográfic, su obra
artística, su trabajo, su actividad profesional, su vida misma
hablaban por él. Era un hombre de acción y ha muerto como tal,
practicando el motorismo, una de esas actividades, un poco alocadas,
propias de la juventud.
Pero Juan Miguel era un valiente, pero no era
un inconsciente. Si lo hubiera sido no hubiera durado mucho con su
pequeño avión, con el que tantas veces sobrevolara nuestros valles
y montañas, para hacer su fotos, ya únicas e irrepetibles. Porque,
era un enamorado de su arte, y además de las fotos “normales” a
ras de suelo, él era autor de una obra propia y diferente, fruto de
unir sus dos aficiones: el vuelo y la fotografía.
El resultado eran
grandes vistas aéreas que todos conocemos, instantáneas publicadas
en los medios locales, mostradas en exitosas exposiciones. Hay
repartidos por el pueblo grandes paneles que decoran dependencias
municipales, casas particulares, despachos y comercios. Son imágenes
que ya no serán iguales que hasta hoy, pues en el futuro, al
contemplarlas, nos traerán su recuerdo. La muerte le ha venido
imparable, imprevista, en forma de un animal que se le cruzó de
golpe en una carretera y al hacerlo se cruzó también en su destino,
en el de los suyos, y en el de todos los que le apreciábamos y
admirábamos.
Ya no podrá mirarnos desde arriba, desde el cielo,
cada mañana de domingo. Pero si hay más arriba, si hay otro cielo
por encima del que él surcaba con su frágil avión, Juan Miguel nos
seguirá observando desde lo alto, seguirá contrastando su vida
aventurera con nuestras limitaciones y cobardías, su entusiasmo con
nuestra abulia y conformismo, su adolescencia eterna con nuestra
vejez prematura, su generosidad con nuestras pequeñas miserias y
avaricias. El ya es joven para siempre.
Reiteramos una cita, no por
usada menos adecuada para el caso. Como Séneca escribió a un amigo
sobre otro: podemos decir de Juan Miguel: Alabemos, pues y contemos
entre la muchedumbre de los felices, aquel que, por poco que haya
sido el tiempo que le ha tocado vivir ha sacado provecho de su vida.
Pues este ha visto la luz verdadera, no fue uno de tantos, vivió y
vivió vigorosamente. Porque efectivamente Juan Miguel ha vivido
intensa y enérgicamente, no fue uno de tantos… Un pobre consuelo,
quizás, para tan grande pérdida.