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domingo, 20, septiembre, 2026

Los molinos de la Rambla de Puça

Los molinos de la Rambla de Puça

Por: Jaume Pérez Alcaraz. 
Con las copiosas lluvias que hemos recibido este año, la rambla de Puça se ha dado a conocer tanto a los propios petrerenses como a turistas venidos de lugares dispares por ser un entorno medioambiental singular y muy interesante de conocer.  Quizás, un elemento patrimonial que pocos conocen de este lugar mientras discurren por la rambla es la existencia de los molinos de la rambla, que aprovechaban el curso del agua (en aquella época más abundante) para su funcionamiento.

Por las características geológicas e hídricas que tiene la rambla, fue el eje de donde se construyeron númerosos elementos relacionados con la distribución, canalización y uso del agua, como acequias o presas desde el siglo XVII, las cuales conducían hasta el río Vinalopó. 
Formando parte de estos elementos, aparecieron los molinos harineros y de pólvora. Los molinos  se distribuyeron por toda la rambla de Puça a lo largo de sus 14 km de longitud, por ello también fue denominada como Rambla dels molins.

La construcción de este tipo de edificaciones se inició, como hemos dicho antes, durante el siglo XVII, cuando los campesinos comenzaron la construción de infraestructuras para el aprovechamiento del agua, con el objetivo de sacar el mayor rendimiento a esta, pues nuestras tierras, si de algo carecían y carecen, es de este elemento natural. 
En concreto se construyeron 9 molinos por toda la rambla, 8 de ellos harineros y uno de pólvora.

Estos eran: Molí de la Ponça, Molí del Salt, Molí del Comte -actualmente conocido como Molí de la Reixa-, Molí de la Pólvora, Molí de Macià, Molí de Pascual Vasalo -denominado como Molí del Turc-, Molí d’Amat -conocido como Molí del Pinxe-, Molí de Mahoma -llamado Molí de Mandurria o Molí de la Simpàtica y, por último, Molí de l’Assut -conocido como Molí de Rico-. 
Los molinos necesitaban de otras infraestructuras anexas para obtener un correcto funcionamiento.

Así, encontramos balsas donde se depositaba agua de cauces o lluvia, distruibuida a partir de canales que era impulsada mediante saltos de agua, diques y azudes, canalizándola hacia los molinos. Una vez aquí, el agua podía abaster a los campos de cultivo para su riego o bien se usaba como fuerza motriz. 


El estado actual de los molinos en general es de ruina, quedando en pie algunos restos de la mayoría de ellos, si bien, alguno como el del Molí la Reixa se ha convertido en un restaurante  -sin que se distingan los elementos del molino- y otros han sido reutilizados como segundas residencias, aunque lo habitual ha sido su casi total desaparición, quedando algún resto como la base del cubo del molino en los molinos de l´Assut y del Molí del Pinxe. Sólo el Molí de la Pólvora conserva la mayor parte de su estructura.

PARA SABER MÁS: Hay un estudio completo de este tema en el libro Los molinos de agua en las comarcas del Vinalopó (1500-1840), de Tomás Pérez Medina publicado en la Colección L’Algoleja, 2, del Centro de Estudios Locales. Aunque si se quiere consultar un resumen del mismo, se puede acudir al artículo de la revista Festa “Els molins fariners d’aigua de Petrer” del año 1995 del año del mismo autor.

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