La ermita de Catí
Por: JAUME PÉREZ ALCARAZ.
Siguiendo con los temas propuestos por los lectores a través de
la página de facebook del Museo Dámaso Navarro, vamos a escribir
unas líneas sobre uno de los monumentos rurales más singulares que
tenemos en Petrer: la ermita de la Inmaculada Concepción, más
conocida como la ermita de Catí.
Se la conoce así ya que es en esta zona donde se ubica y por ella
pasan frecuentes visitas de excursionistas que recorren este
impresionante paraje de nuestra población que, si alguna persona no
ha estado o no la visita hace tiempo, le invitamos a volver a hacerlo
porque forma parte de nuestro patrimonio medioambiental.
La historiadora, Concha Navarro Poveda, explica el motivo por el
que se construyeron las ermitas en los siglos pasados ya que son
fruto de una devoción popular que necesitaba protección ante las
sequías, las malas cosechas, las epidemias, muchas veces provocadas
por los agentes meteorológicos adversos. Si a esto se añade que en
los siglos XVII y XVIII había un amplio número de familias
diseminadas en las tierras cultivables de la zona montañosa del
término municipal y bastante alejadas de la población de Petrer, se
hacía necesaria su construcción para albergar algún santo, santa o
virgen a la que dirigir sus rezos.
Centrándonos ya en la ermita de Catí, atendiendo al estudio de
Concha Navarro y de Ramón Candelas, podemos saber que aunque se
desconoce la fecha de su construcción, podemos datarla en el siglo
XVII, ya que el documento más antiguo que habla de ella es el
informe realizado por Francisco Rico en 1779, informando de lo
antigua que es y del mal estado de conservación en que se encuentra.
Años después, ya acondicionada, se supone que por los habitantes
del lugar, es bendecida, junto con los nuevos ornamentos, por el
obispo José Tormo y Juliá en 1786.
Arquitectónicamente hablando y siguiendo la descripción que hace
Ramón Candelas en su libro, su planta dispone de una sola nave
rectangular, de unos 27m2 aproximadamente, con cubierta a dos aguas
de teja curva, tres contrafuertes en cada pared lateral y una fachada
principal lisa con puerta adintelada y espadaña en la parte central
superior donde está colocada la campana. También presenta una
sacristía y una pequeña habitación de acceso exterior a ambos
lados de la planta central, en la zona de la cabecera.
El interior
tiene una bóveda de cañón sobre arcos fajones rebajados.
El tramo de la cabecera de la ermita, elevado por un escalón,
hace de presbiterio. El testero es recto e incluye un pequeño
retablo de obra, compuesto por un banco y una hornacina entre
pilastras acanaladas y entablamento con pináculos; además, dos
ménsulas franquean el conjunto donde se sitúan las figuras
religiosas.
PARA SABER MÁS:
Si se quiere conocer más datos sobre este interesante tema que
une patrimonio, religiosidad y medioambiente, se puede consultar el
artículo de Concha Navarro Poveda que escribió en la Revista de
Moros y Cristianos del año 1994 titulado “Arquitectura popular
religiosa de Petrer: las ermitas”; y el libro monográfico de Ramón
Candelas Orgilés editado por la Diputación de Alicante en el año
2004, titulado Las ermitas de la provincia de Alicante, que recoge
todas las ermitas divididas por comarca y población, tanto
existentes como desaparecidas.







