Dioses de cartón piedra
El mundo está lleno de gente que no da la talla, porque la maldad
es más pequeña que la bondad. Pero existe otro tipo de sujetos que
no dan titulares, porque andan encubiertos, no suelen salir en las
noticias y disponen de una pandilla de “inocuos” que ejecutan sus
oscuras fechorías.
Los que no dan la cara están ahí, en la
sociedad, con sus manipulaciones, siempre inconmovibles y
abominables. Le satisface ostentar poder político y saben
maniobrarlo en su propio beneficio, orillando para perpetuarse sine
die, con las legítimas reivindicaciones de la sociedad.
Pero
describir los abusos de los dioses de cartón piedra es despectivo, y
según el médico y político David Owen:-…perdiendo todo contacto
con la realidad, con su paulatino aislamiento se vuelve imprudente e
impulsivo, sin contemplar los resultados de sus decisiones…-.
Una de esas alusivas sentencias acaeció en un mediocre feudo, el
rey de naturaleza “histriónica y narcisista”, convirtió en
caballero al peón de la corte para luego lancearlo en duelo desleal.
De talante “por puro capricho” y para distraer su aburrimiento
“un manifiesto desprecio por los demás”, importunaba al
subordinado comiéndole la oreja con reticentes palabras: -Vuy que
baixes a l´aldea a comprar dos escuts de lo que hi ha, i dos escuts
de lo que no hi ha-.
El bufón que no diferenciaba la realidad a un
palmo de sus narices, apurado asentía: -Comprar dos escuts de lo que
hi ha es fàcil, perquè es material, però comprar dos escuts de lo
que no hi ha es impossible, perquè es inmaterial-. Entra en la
taberna y bebió una jarra de vino, gastando las cuatro monedas,
entre trago y trago, le viene la inspiración. Vacía sus bolsillos,
y a uno le corta la tela del fondillo. Regresa al castillo y pide
audiencia. Expresa haber llevado a buen puerto el encargo con los
siguientes hechos:
-Majestat pose la seua mà dins de la meu butxaca,
com pot apreciar no hi ha res, ja que e comprat dos escuts de lo que
no hi ha. Ara bé, tranquil-litssese, i pose la seua mà en aquest
altra butxaca, i com pot sospesar, e comprat dos escuts de lo que hi
ha, perquè es material-.
Y para entonces una parte disciplinaria de la ejecutiva subyace
ante una mente que recuerda el síndrome de Hubris, que parece ser,
pasan el tiempo entre alguna que otra “quijotada”, inoperancia
que dice mucho de lo que está pasando en este país.
Si fueran
solidarios fomentarían campañas de concienciación contra la
violencia de género que tanto dolor e injustica genera. El Informe
FOESSA (2017) denunció que el 70% de los hogares no percibe los
efectos de la recuperación económica, precarizándose sus
condiciones de vida y la cronicidad de la pobreza.
O se esforzarían
y demandarían soluciones a los problemas reales que atañe a la
ciudadanía como el desempleo; la pobreza energética; los recortes
en educación y sanidad; los barracones escolares; falta de horizonte
de nuestros jóvenes; la corrupción es una lacra de la vida política
o el agotamiento del sistema de pensiones. Cuidado.
Ante esta
perspectiva conviene apartarse de los individuos que pretende
llevarte hacia atrás, como ese reyezuelo de la “desmesura” que,
como un dios de cartón piedra exige “acatamiento”. El experto
británico sobre el citado síndrome nos dice: -El síndrome de
Hubris suele manifestarse en personas que llegan a ostentar el poder
en el campo político, y en general en aquellas instituciones en las
que se les confiere autoridad sobre otros; lo padecen sobre todo los
que lo han adquirido sin estar dotados de la suficiente capacidad de
autocritica ni de las condiciones necesarias para manejarlo, y es
especialmente devastador en aquellos que, a pesar de su manifiesta y
contrastada incapacidad, se consideran a sí mismos magníficamente
dotados para ejercerlo-.







