El pan nuestro de cada día
Decía el gran poeta libanés Khalil Gibran, refiriéndose a
la corrupción, algo que -a pesar del tiempo pasado, más de un
siglo, o quizá por ello- ha adquirido contundente vigencia en
nuestros días y en nuestro país: “A menudo escucho que os referís
al hombre que comete un delito como si él no fuera uno de vosotros,
sino un extraño y un intruso en vuestro mundo.
Mas yo os digo que de
igual forma que ni una sola hoja se torna amarilla sin el silente
conocimiento del árbol todo, tampoco el malvado puede hacer el mal
sin la oculta voluntad de todos vosotros”.
LOS TITULARES NUESTROS
DE CADA DIA
El 40% de la familias monoparentales, al borde de la
pobreza.
Según el INE, en el 90% de las familias monoparentales la
madre sustenta el hogar. Las familias monoparentales aún no gozan
de una ley que regule su situación, el acceso a las ayudas, becas,
rebajas fiscales… La falta de recursos de estas familias es a
menudo achacable a que las mujeres que las dirigen están contratadas
a media jornada.
Las denuncias de agresiones a ancianos dentro de la
familia se disparan .
Servicios Sociales contabiliza más de 4.000
denuncias anuales de maltrato físico a personas de más de 65 años
por parte de sus parientes, mientras las organizaciones de mayores
advierten que la cifra puede ser hasta veinte veces mayor.
El saqueo
de la hucha de las pensiones.
El gobierno hizo otra retirada del
fondo sin consultar a nadie, mientras mantiene la falacia de que
quiere reactivar el pacto de Toledo. Ahora, una vez hecho el
destrozo.
La voz que clama en el desierto cada día ..
Nos
encontramos frente a uno de los dramas más terribles de nuestro
tiempo, que excede ya el plano económico, social y político para
alcanzar las dimensiones de una verdadera catástrofe vital y moral:
ese mundo del trabajo está siendo destruido en múltiples formas,
desde su misma base: el trabajo.
Destrucción por despidos, desempleo
estructural, lanzamiento a la marginación y exclusión de millones
de congéneres a quienes, como si fuesen “descartables”; en
palabras del papa Francisco, se les niega el derecho, más que el
deber, de “ganarse el pan con el sudor de su frente”.
Destrucción
por la brutal desvalorización y explotación de la labor creadora y
transformadora de millones de hombres y mujeres, sometidos a
condiciones de trabajo que atentan contra su dignidad humana, con
salarios de hambre, sin el reconocimiento de sus derechos laborales,
sociales, sindicales, sin posibilidad de forjarse un futuro mejor
para ellos y para sus hijos. Hay que enfrentar la nueva esclavitud.
Se trata de una bancarrota también moral, en la que no faltan
quienes medran explotando a sus semejantes. Para que dignifique al
ser humano, el trabajo debe realizarse en condiciones de libertad,
creatividad, participación… Juan Carlos Schmid-
Estos son algunos
de los titulares que aparecen continuamente en los medios de
comunicación. Son la ventana que nos asoma a un mundo que podría
ser tan hermoso y que se nos cae a pedazos por la maldad de unos, la
ignorancia de muchos y la falta de voluntad de quienes sí podrían
hacer mucho más por cambiar la situación de derrumbe de esta casa
de todos que es la Tierra, una herencia fabulosa que se nos dejó en
usufructo pero no como propiedad.
Ante el llanto y la rabia de los
desheredados, ante las cerradas puertas doradas de los palacios de
los poderosos, ante los misiles y cañones de quienes defienden a
esos poderosos, ante las palabras vacías y mil veces mentirosas de
políticos infames… quizás no sirva la poesía. Yo también creo
que un poema no cambia el mundo; pero quizás versos como los que
siguen sí puedan servir para cambiar el mundo interior de una sola
persona que los lea. Y pueda entonces producirse el atronador
terremoto moral de un universal efecto mariposa. Ese es el valor
inmenso de la poesía de Paco Mollá, su respuesta a la ansiedad y
quebranto de nuestro mundo.
Ah si mi corazón…
¡Ah si mi corazón fuera un pañuelo
para
secar del mundo tanto llanto!
¡Si fuera un grande, confortable manto
para los ateridos en el hielo…!
¡Ah si me aprovechara este
desvelo,
y el armonioso vuelo de mi canto
para trocar del mundo su
quebranto
en placidez de paz y amor de cielo…!
Señor: quisiera que
mi cuerpo fuera
pan milagroso y luz de claro día
para que el mundo
hambriento de él comiera
y, a la par, conquistar su armonía.
Si la
ventura así se consiguiera…
¡Con qué gozo, Señor, me
ofrendaría!
F. Mollá
El
soneto de Paco es impresionante. Una prueba más del ejemplo moral y
vital que nos dejó. En sus versos deja la única solución posible a
tanto dolor que hoy vive nuestro mundo: la entrega personal y el
valor de la palabra (el diálogo).
Qué gran poema de Paco, ahí está
todo lo que necesita el ser humano para cambiar este mundo: la
belleza de la poesía como palabra transformadora, la ofrenda de la
propia persona convertida en pan, en alimento para los demás. Paco
se ofrece como un Jesús eucarístico.
Es magnífico este poema. Y no
es una exageración afirmar que hay poesías de los grandes
escritores místicos que no le llegan a las rodillas a este poema de
Paco.
¡A PACO MOLLÁ… SIEMPRE EN NUESTRO CORAZÓN!







