Basuras
Cuando escribo esto acabo de leer en el diario Información la
noticia sobre el vertedero de Piedra Negra en Xixona, donde se
entierran miles de toneladas de basura sin discriminación ni
tratamiento, así, directamente del camión al hoyo.
Basura
doméstica, residuos industriales, muebles, restos orgánicos,
escombros… Todo por igual y con el conocimiento y consentimiento de
las autoridades. Resulta doloroso ver la desidia con que se tratan
los residuos que generamos. Residuos que son también recursos;
textiles, maderas, metales, plásticos… Gran parte de ellos serían
reutilizables, podrían convertirse de nuevo en materias primas, pero
en vez de ello nos limitamos a enterrarlos y mirar para otro lado.
Es
la solución más fácil. Separar y tratar los desechos supone un
gasto, es verdad, pero, si lo consideramos bien, es un gasto que vale
la pena y, en ocasiones, incluso un gasto que ya se hace; los
ayuntamientos pagan un extra por residuos de difícil tratamiento
para que al final todo acabe en el mismo agujero. Las ventajas de
tratar las basuras y reciclar no son sólo ecológicas, también
económicas, ya que un proceso industrial mejor organizado permitiría
fabricar con menores costes.
Aunque a menudo, al hablar de basuras,
pensamos en la que tenemos en casa, los residuos industriales y de
construcción son cuatro veces más, en torno a ochenta mil toneladas
al año. El grueso de los residuos que llenan vertederos como el de
Xixona no son los que tiramos en el contenedor verde, son aquellos
por los que menos nos preocupamos, los que se producen en el lugar de
trabajo, los que no percibimos como “nuestra basura”. No hay
mucho que podamos hacer, a nivel individual, en cuanto a la gestión
de residuos a gran escala, salvo exigir a los políticos que cumplan
con su trabajo y que hagan las cosas de la mejor manera posible, sin
dejar asuntos como este en manos de empresas privadas que sólo
buscarán la rentabilidad económica.
Sí que podemos, sin embargo,
aportar nuestro granito de arena para reducir la cantidad de desechos
que generamos. Puede que parezca algo insignificante, casi inútil,
pero todo gran cambio comienza con una pequeña acción. Generar
menos basura en casa es posible. Es lo que proponen movimientos como
zero waste, cero deshechos, que sugiere alternativas para los
principales residuos que todos generamos: los envases de productos.
En internet pueden encontrarse cientos de consejos para reducir
nuestra generación de residuos en el día a día, en nuestros
hábitos de consumo. Otro movimiento interesante es la economía
circular, que propone un nuevo concepto de fabricación y consumo.
Actualmente estamos en una economía lineal, donde los fabricantes
extraen materias primas, se elaboran productos, se consumen y después
se desechan. La economía circular propone la elaboración de
productos con la idea de ser recuperados una vez han cumplido su
función (o han agotado su vida útil), para así obtener de ellos
las materias primas y reutilizarlas en la elaboración de nuevos
productos, que pueden ser consumidos para después volver al ciclo.
Animo a cualquiera que esté interesado en el medio ambiente a
investigar más estas ideas. Pero no sólo por una cuestión
ecológica, también por mero sentido común. A cualquiera que le
parezca absurdo tirar a la basura cientos de bolsas de plástico,
envases, cajas, envoltorios, embalajes, e incluso cepillos de
dientes, maquinillas de afeitar desechables, bolígrafos, etc. O, si
prefieren verlo desde una perspectiva económica, piensen que todos
estos residuos son un desperdicio de materiales válidos y cientos de
oportunidades de negocio perdidas