A propósito del Día Mundial por la Justicia Social
Tras el acuerdo de la Asamblea General de la ONU cada 20 de
febrero se celebrará el Día Mundial de la Justicia Social. Esta
jornada dedicada a la justicia social busca apoyar la labor de la
comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover
el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y
el acceso al bienestar social y la justicia social para todos.
Un
principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera,
dentro de cada país y en la relación entre ellos. “La injusticia
ocupando el puesto de la justicia. El favoritismo económico, social
y personal usurpando el lugar de lo que exige la ordenación justa de
las cosas.
No importa que millones de personas carezcan de lo más
necesario para llevarse a la boca. No importa que la falta de
vivienda sea un problema angustioso y palpitante. No importa que
millones de seres hayan de emigrar, en un peregrinar sin descanso, a
causa del orden que se sostiene por la fuerza. No importa el desorden
de unos pocos nadando en la mayor opulencia y de otros innumerables
padeciendo hambre crónica. No importa todo este desorden, con tal
que la tranquilidad, confundida con el orden, siga reinando”.
Hoy
sigue siendo urgente desenmascarar ese “orden establecido”, dejar
de mirar para otro lado, romper con el conformista “no hay nada que
hacer”. Como dice Elie Wiesel: “lo que más daño hace a la
víctima no es la crueldad del opresor, sino el silencio del
espectador”. Necesitamos indignarnos, reivindicar, continuar con la
lucha por la defensa de la dignidad inviolable de la persona. Comenta
José Ignacio González Faus que “la tradición cristiana solía
decir que la mayor victoria del mal es convencernos de que no existe
y eso mismo puede decirse hoy de la injusticia”.
Es urgente decir
la verdad, proteger a quien es más vulnerable, hacer “de los
últimos, los primeros”. Necesitamos recuperar la justicia. Un
valor que solo puede ser recuperado desde el amor que mira a las
víctimas y se vuelve compasión, fuerza capaz de cambiar la propia
vida y de impulsar la búsqueda de la transformación profunda de la
realidad.
Como expresa Lucía Ramón, recordando a las obreras que en
1912 gritaban “¡Queremos pan, pero también rosas!”, reivindicar
“la justicia de las rosas”, la justicia entrañable sanadora de
la persona y de sus relaciones, que va más allá de la justicia
distributiva, porque hace posible una vida nueva, plenamente humana,
una vida liberada e íntegra, libre de cualquier dominación,
liberada para amar, gozar y crear más vida”. ¡Sí! Sigue teniendo
sentido una Jornada Mundial por la Justicia Social. Sensibilizar,
concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin
resolver…Se necesita sobre todo actuar.







