22.1 C
Petrel
sábado, 19, septiembre, 2026

¡¡He visto la luz!!

¡¡He visto la luz!!

Hacía tiempo que no veía con tanta claridad lo que uno se imaginaba que podría aparecer al final del túnel. Andaba un tanto distraído en mis quehaceres cotidianos que, tal y como se acostumbra a decir, los árboles no me permitían percibir la exuberancia del bosque, así es que, en un intento de retomarle el pulso al seguimiento de las decisiones políticas, decidí volver a mi puesto de “caminante” y de “observador de la realidad” y, qué sorpresa, parecía que alguien había decidido –de nuevo- mover la línea del horizonte desplazándola otro tramo más lejos.

 Y empecé a preguntarme el porqué de tal decisión. Y sigo sin llegar a entenderlo. Intenté cotejar causas, motivos, razones, estrategias y oportunidades para, siguiendo un razonamiento lógico y contemporáneo, llegar a alcanzar algún destello de claridad en lo que descubrí y que me tiene hasta hoy un tanto epatado. Esperaba un resplandor; un faro guía que llamara e invitara; un foco deslumbrante que atrajera ciudadanos dispuestos a reconocer (primero) y a participar (después) en esa tarea pendiente de recabar inversiones foráneas para sostener e impulsar nuestro desarrollo local/comarcal.

Pero tan solo vi un candil con una luz liviana, imperceptible, pálida, nada embaucadora, poco destacable, carente de estímulo y seducción, situada como embajadora adelantada ¡en plena autovía! al pie de nuestro castillo-fortaleza, dando a entender que en Petrer disponíamos de los recursos productivos más adelantados de la Europa innovadora, hasta el extremo de que a partir de ahora, nuestra zona se reconocería como “Ganchillon Valley”. Descubrí en suma, un futuro prometedor: pronto abrigaríamos nuestra Sierra del Cid con el fruto de esta tecnología punta que ya empezaría a reconocerse hasta más allá de las fronteras de Tabarnia. ¡Por fin! Exclamé, y ya me quedé tranquilo. Le doy la vuelta al disco (soy de los vinilos):

No le quito mérito alguno a las personas que han confeccionado con denodado esfuerzo y dedicación, esta tarea surgida para mejorar la imagen de Petrer, incluso las felicito por su compromiso con nuestra Ciudad. Pero, sustituir el viejo panel identificador de “Petrer Zona Industrial Zapatera y Marroquinera” (el otro que había, también despareció) por un nuevo logo de dudosa identificación y de nulo poder referencial, me parece como poco, un despropósito, algo inconsistente y huérfano de rigor, más cercano a la ocurrencia que a la idea potente de nuestro significado sector industrial y económico.

Ya puestos a ello, continuemos deslumbrándonos. Para ello, sugiero que, un poco más adelante, pongamos otro panel con algunos botijos, cántaros y tinajas, que vayan recordando a quienes por allí circulan, ese “esplendoroso” pasado lleno de miseria que alimentaba nuestro pueblo hasta la llegada de la industrialización. Me sorprende que nuestro Concejal de Desarrollo, a quien le tengo estima personal y un alto reconocimiento porque está impulsando novedosas iniciativas avanzadas en materias de Emprendimiento y Nuevas Tecnologías, haya caído en el error de no aprovechar, con la mayor y mejor de las eficacias, nuestro potencial informativo de la circunvalación de la autovía que, como siempre digo, ve pasar anualmente un millón de vehículos.

Es este, un factor estratégico que no deberíamos desaprovechar. Sería imperdonable el focalizarnos en otros entretenimientos, máxime conociendo la actual deriva industrial y, particularmente, consumiendo las energías de una persona joven, preparada, con sentido avanzado en materia de preocupación social, al que yo veía y sigo viendo, por su conocimiento y laboriosidad, como un próximo alcalde-guía de nuestra población. Tal vez su exceso de dinamismo (siempre plausible) le lleve a distraer en alguna ocasión el verdadero rumbo donde cimentar nuestros avances sociales.

Es perdonable esta decisión, pero alguien debe decírselo. Y debo recordar que la crítica política está al margen de la valoración, el respeto y la consideración personal (incluso de la amistad) que pueda tenérsele a cualquiera de nuestros gobernantes (como ocurre en este caso). Y termino con una proclama: “Más zapatos y más bolsos, y menos artificios”.

Salir de la versión móvil