Gracias por nada
FAMILIA ESTEVE
El pasado día 13 de mayo, se nos encogió el alma al faltar
nuestro padre Ventura Esteve Payá. Explico cómo era nuestro padre:
desprendía alegría y sencillez a pesar de su enfermedad. Humilde,
buen anfitrión y sobre todo amaba y cuidaba con mimo el campo, su
querida pedrera.
Trabajador incansable en todos los aspectos, sin
soltar nunca la mano de nuestra madre, su ojito derecho. No se separó
de ella ni un segundo, solo para irse de este mundo. A continuación
paso a narrar como la mala suerte y la poca humanidad hicieron del
final de los días de nuestro padre un auténtico calvario para él.
El jueves anterior a su fallecimiento lo llevó la ambulancia al
hospital para realizarle una serie de pruebas, ya que para nosotros
resultaba imposible trasladarlo en coche por los fuertes dolores que
padecía y porque no podía tenerse en pie, dato importante que el
personal sanitario pasó por alto y lo forzaron insistiendo en que sí
podía y que era una exageración por nuestra parte. Pues bien,
llegó a casa después de las pruebas con dolores insoportables y
todo amoratado y ahí empezó la odisea.
Desde ese día iba
empeorando por minutos, la doctora nos aconsejó que no lo
levantáramos de la cama y nos dijo que lo preparaban para que los
cuidados paliativos lo trataran después del fin de semana.
Desgraciadamente el sábado se puso peor, y de urgencias del centro
de salud número 2 vinieron a administrarle morfina. El domingo por
la mañana y viendo el sufrimiento de nuestro padre volvimos a
insistir para que vinieran a casa, ya que el dolor era insoportable.
Simplemente queríamos que hicieran algo y cumplieran con su
obligación aliviando el padecer que tenía. Nos resultaba imposible
trasladarlo al hospital ya que no podíamos tocarlo debido al estado
avanzado y evidente de lo que nosotros pensábamos y sería su último
día de vida. La única contestación que obtuvimos por teléfono era
que si no lo subíamos al hospital no podían hacer nada por él.
La
desesperación y la impotencia nos hicieron llamar por teléfono más
de diez veces; llamadas al 112, urgencias del centro de salud número
2 y urgencias del hospital. En nuestro caso no podemos decir que el
nivel de gravedad determina la prioridad en la atención del personal
sanitario hacia los pacientes, es decir, que el crimen que cometió
nuestro padre fue morir sin que los paliativos llegaran a
asignárselos. Pero nuestro padre murió arropado de todos sus hijos,
nietos y esposa que estuvimos en todo momento, haciendo fuerza para
ayudarle a que el desenlace fuera lo antes posible, que no sufriera
más.
Pusimos todos tanto cariño y amor arropándolo, dándole la
mano, que pensamos que algo le aliviaríamos. No nos gustaría que
nadie pasara por esto, por este motivo nuestro objetivo es remover
conciencias y pensar que todo el mundo merece una muerte digna, y
digo más, el protocolo no debería anteponerse cuando hablamos de
personas. Por eso damos las gracias por nada, como hacía nuestro
padre, que ante todo nos enseñó a ser agradecidos.
Desde la más
profunda indignación y en homenaje a nuestro padre. Papa, si nada
nos salva de la muerte, que el amor nos salve de la vida. P.D: somos
los primeros en admirar y agradecer la gran labor que realiza el
personal sanitario, pero el trato injusto e inhumano recibido no lo
podemos pasar por alto. La VOCACIÓN y la EMPATÍA son cosas
imprescindibles que todo profesional que trabaje con personas deben
tener como prioridad.