Por Rabito, por todos
Recibimos un mensaje en nuestros móviles. Vemos las fotos. Leemos
el relato de los hechos. Rabito, un precioso felino de color
anaranjado, ha aparecido muerto en una de las calles de Petrer. El
día anterior, una compañera de Gatitos en Apuros, alimentadora de
una de nuestras colonias de felinos urbanos, lo había visto luchar
contra un precinto que alguien le había enrollado en la cola.
Él
había salido corriendo antes de poder ayudarlo. Observamos ese
maldito precinto, como una señal ignominiosa, en su cuerpo
ultrajado. No era la primera vez que las compañeras alimentadoras se
percataban de una agresión a los felinos de la zona. Constantemente,
les tiran la comida y el agua destinadas al consumo de los animales y
les destrozan los refugios construidos para ellos. ¿Excusas? Las de
siempre: el mal olor, la suciedad, las molestias.
Ante nuestro
Rabito, con la vida perdida, estas excusas parecen tan poca cosa…
Porque, ¿qué hay más importante que, precisamente, esa vida?
¿Nadie ve la desproporción entre la causa y la consecuencia? ¿Cómo
alguien puede represaliar a un ser vivo, viviente, sintiente, tan
solo por una calle limpia? Brotan la indignación y la rabia. De
quienes pensamos que debemos crear comunidades más solidarias donde
todos/as convivamos en armonía, personas y animales.
De quienes nos
desvelamos por construirlas, con el mimo y el cuidado que solo un/a
alimentador/a sabe depositar en sus felinos, conociendo cada nombre,
cada mancha de su pelaje, cada caricia. De quienes nos sentimos
impotentes ante el maltrato animal con leyes que no reflejan la
gravedad del delito en toda su dimensión. Y de quienes no
comprendemos por qué alguien puede dedicar su tiempo a hacer daño a
otro ser vivo. ¡Es tan fácil destruir la vida, lo bueno, lo bello y
tan difícil construirlo!
Por un instante, nos desanimamos. Y surge
la pregunta: ¿para qué? ¿Para qué cuidar a unos animales que
sabemos desprotegidos ante cualquier mala acción? ¿Para qué, si ya
casi parecen condenados? De inmediato, la respuesta: por todos
nuestros Rabitos. Porque, si dejamos de cuidarlos, ganarán quienes
deprecian la bondad y la belleza. Por el amor y la vida. Por ser más
humanos.