El dinosaurio sigue aquí
Sabemos que la risa impulsa el sistema inmune, y consigue ser más
resistente, reduce las hormonas del estrés como el cortisol y anima
la secreción de las adrenalinas relacionadas con la felicidad o las
endorfinas, que oxigenan el cuerpo, previniendo la hipertensión.
En
la salud mental, el sentido de humor, ayuda a afrontar las emociones
difíciles, no se puede sentir tristeza, ansiedad o enfado cuando se
ríe. A la sazón es tolerante ver el panorama menos amenazante,
arrinconando la psicopatología. El humor, a nivel social fortalece
las relaciones en una conexión emocional positiva con los demás.
Permite la espontaneidad y desinhibe, para favorecer la capacidad
adaptativa que proyecta inteligencia emocional.
El humor puede ser
adaptativo, relacionado con el bienestar psicológico, la
satisfacción o la esperanza.
También conocemos el humor
auto-mejora, con perspectiva humorística ante situaciones adversas.
Un humor que suele darse con quien posee un mayor control de la ira,
con el flujo de auto-denigración, o la aprobación de la
concurrencia a expensas de ridiculizarse a uno mismo, y curiosamente
genera bienestar psicológico. Igualmente existe el humor pernicioso,
como el agresivo, que denota superioridad sobre las demás personas.
Incluso el bienintencionado que puede ser una estrategia para
enmascarar intenciones negativas.
El sujeto escasamente honesto, de
algún modo, genera cierta confianza o cercanía con el resto para
manipular u obtener ciertas excelencias. El humor agresivo es un
recurso para experimentar ira en la vida cotidiana, que la expresa
hacia los demás. Puede manifestarse un sentimiento negativo, como
superioridad, odio o rabia y de forma menos explícita violencia
verbal o física, disimulando el comentario ofensivo en el paraguas
del chiste o la broma. Este tipo de humor no aporta efectos positivos
a nivel físico o psicológico, sino todo lo contrario.
Es un aspecto
que defrauda, sobre todo a los ilusos, ya que siempre esperan algo
más. Una montaña rusa, asciende y desciende a gran velocidad con el
riesgo de que pueda descarrillar en el trayecto. La balanza balbucea
y difícilmente es olvidado por el gran público.
Una pausa
valorativa descuella cuando la realidad supera al mito. Siempre hay
reflexiones profundas, cuanto más potente es el aullido de un
primate, más pequeñas son sus partes nobles. Lo predijo Francisco
de Goya (1746-1828), quizás previendo los problemas que se cernían
sobre la Nación ante la invasión francesa: imperialismo,
intrusismo, hostilidades, atrocidades…
Para entonces no hay
prestigio que defender, ni máscara que proteger, así que cada cual
se adapte a lo que pueda, se le permita o le venga en gana. Ante esta
feroz y repetitiva perspectiva y por los acontecimientos turbulentos
de la Guerra de la Independencia (1808-1814),
Goya expresó: –El sueño
de la razón produce monstruos-. Más de uno habrá pensado que había
desaparecido de la faz de la tierra. Pero el miedo es perceptible, ya
que el dinosaurio sigue aquí.