El miedo es el enemigo de la lógica
El verano, justo al comienzo del segundo semestre, nos pareció un
buen momento para hacer una pausa y reflexionar cierta perspectiva de
oscuras incertidumbres. Parece irreal, pero cuando en la calle lo
presiento, su rostro abstraído traspasa toda comprensión. Lo peor
del caso es que resulta primario y provoca terror irreprimible a un
pestilente brillo tenebroso.
Es casi inexplicable, comparable al que
sentíamos en aquellos tiempos de la academia, cuando el educador de
gimnasia nos obligaba a saltar el colosal potro, y a base de voceríos
lo conseguía, y eso que por entonces nuestra estatura no alzaba un
palmo del suelo. La única explicación lógica es que personifica el
propio miedo. Los lectores se habrán percatado de que soy un poco
blandengue, en mi defensa sólo puedo decir, que existe algún
protagonista que se le da bien estremecer a los demás.
Hay quien
domina el arte de acojonar a los más débiles, con un arsenal
variopinto de gestos, de discursos apocalípticos, de tonalidades de
voz amenazante y, particularmente, de mirada delirante que extiende
el virus de la frialdad. Puedo reconocer que su otra cara dispone de
adictos que dicen que es un líder con poderío mayestático. Puedo
compartir cierto esfuerzo por mantener el equilibrio de las cosas,
pero cuando surge su descontrol, les aseguro, que las lamentaciones
son incalculables.
Y es que lo que no desea, no le preocupa que sea
para el resto. Es decir, su respetabilidad, merecida o no, no es
cuestionable, pero el de los demás es vapuleante. Incluso, puedo
compartir que sea un ser dotado de animosidad, cuya autoestima no
cabe en una docena de estadios de futbol. La revelación de que sigue
en la brecha, postulándose como candidato a repetir las andadas es
evidente. Y lo que consigue es provocar oleadas de pavor entre una
buena parte de la concurrencia.
Por iniciativa recompone lo que
nadie, absolutamente nadie, le ha pedido que haga. La cuestión es
que se ha instalado en la certeza de un ego que entiende que
conceptos tan básicos y humanos como la duda o el contraste de
pareceres son síntomas de debilidad, y menosprecia a quien se ponga
por delante. No es fácil exponer dicha quimera, sólo se me ocurre
la explicación de quienes hablan mal en su ausencia, pero se postran
ante su presencia y luego pasa lo que les pasa, y sin remediarlo: les
da miedo, mucho miedo y la mera posibilidad de coincidir con él, les
incomoda, les provoca sudores fríos y un incontable tembleque de
piernas, y es que el miedo es el enemigo de la lógica.
Y como las
“quijotadas” se repiten, ultimamos con Don Quijote de La Mancha:
-Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los
obstáculos más grandes (…) nuestras propias indecisiones; (…)
el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil (…)
equivocarnos; la más destructiva (…) la mentira y el egoísmo;
(…) el desaliento; los defectos más peligrosos (…) la soberbia y
el rencor; y las sensaciones más gratas (…) la buena conciencia,
el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la
disposición para hacer el bien y combatir la injusticia…-.