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jueves, 17, septiembre, 2026
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Hasta siempre, abuela

Hasta siempre, abuela

Almudena Blasco
Mi abuela Lola nació en su casa, que es donde entonces se nacía, en la calle París, ahora calle la Boquera, en el casco antiguo de Petrer un 19 de agosto de 1931. Creció sin padre, pues éste faltó cuando ella solo contaba con un año. Siempre me decía que la envidia era algo muy malo pero que ella nunca había podido evitar envidiar a las niñas que tenían padre.

A dos de sus hermanos se los llevó alguna enfermedad infantil de la época cuando eran bien pequeños y su madre se fue junto a su padre, tras una larga hospitalización, teniendo ella 17 años. Y entonces mi abuela se quedó huérfana en un país sumido en una durísima posguerra que marcó de escasez y penurias su infancia y adolescencia. Contaba que una vez cambió un trozo de pan por un molinillo de papel, lo que le costó una buena reprimenda de su hermana Teresa, a la que le tocó ser más madre que hermana para ella.

Cuando tenía 8 o 9 años emigraron a Madrid, pues en Petrer no había trabajo ni comida para quienes no tenían tierras, ni siquiera llegaban los recursos de la cartilla de racionamiento, pues parece ser que se los quedaban los caciques del pueblo. Ella vivió interna en un colegio de monjas, del que nada bueno me contó, aunque ésto no le impidió ser creyente y practicante toda su vida. Mi abuela no era de meter a todos en el mismo saco, era una de sus muchas virtudes.

En uno de sus viajes a Petrer, para visitar a la familia, conoció al que sería el amor de su vida, mi abuelo Santiago. Fueron novios por correspondencia y aunque se hizo de rogar, porque así había que hacerlo, tras muchas cartas llenas de poemas la enamoró, y así es como mi abuela se casó con su primer novio a los 22 años, cual película romántica de Hollywood. Estuvieron juntos toda la vida, hasta que la hora de mi abuelo llegó, y ahora nuevamente se reencuentran para toda la eternidad.

Mi abuelo era una persona carismática, como bien sabrá quien lo conocía y mi abuela de alguna manera vivió a su sombra. Pero la sombra no existe, lo que llamamos sombra solo es la luz que no se ve, y mi abuela era pura luz. Mi abuela Lola no presidió ninguna asociación, no fue pionera en nada, pero eso no la hace menos importante en el entramado social. Mi abuela fue el motor de su familia y supo vivir con amor y generosidad absoluta una vida que la trató más bien regular, y eso solo es propio de la gente importante.

A mí me encantaba escuchar sus historias, una vida como la suya dio para muchas. Una vez me contó cómo una vecina de su madre, aquí en Petrer, la quiso comprar. Sí, comprar. Mi bisabuela era viuda, pobre y con 5 criaturas a su cargo. Su vecina no podía tener hijos, y de vez en cuando ayudaba a mi bisabuela cuidando de ella. Mi abuela debió ser un bebé precioso, incluso cuando más hambre pasó siempre estuvo “rellenita” como ella misma me decía. El caso es que mi bisabuela se negó a vender a su hija y ella sola sacó adelante a sus cinco hijos, otra grande: Gabina Manso. Mi abuela acababa esta historia diciéndome: -Qué buena y valiente mi madre, ¿verdad? Que pudo venderme con lo que estaría pasando la pobre, y no lo hizo.

Es que no hay amor más grande que el de una madre, ya lo entenderás. Y sí, por fin lo entiendo abuela. Solo espero saber trasmitir a mi hija un retazo de lo que fueron sus ancestras, para que cuando la vida la ponga en jaque recuerde de donde viene y sepa que en nuestra familia eso de rendirse no es una opción. Gracias abuela, gracias por tu legado, por tus cuidados, por tu amor, por tu fuerza y por tus enseñanzas. Es un orgullo ser parte de ti y tú siempre serás parte importante de nosotras. D.E.P

Nota: Me gustaría aprovechar este espacio para agradecer las múltiples muestras de cariño que hemos recibido toda la familia durante estos días. GRACIAS PETRER.

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