Otra forma de evitar la tortura a los animales
Maruja Cortés. Club de Amigos de los Animales de la Comarca del
Vinalopó
Hace poco leí un artículo de Manuel Rivas. Hablaba de unas vacas
que se escaparon cuando las transportaban al matadero. Aunque esta
noticia parece que tuvo un final feliz, lo que el escritor nos cuenta
a continuación, referente al sacrificio de otros animales, produce
horror. Se comprende a las personas que se han convertido en
vegetarianas o veganas después de haber comido carne durante años.
Admiro su decisión, su fuerza de voluntad. Su lucha es simbólica,
de momento, pero yo estoy segura de que dará sus frutos en el
futuro.
Nadie dice que vaya a ser fácil. No intento con este escrito
convertir a los omnívoros (yo también lo soy), solo informar, a
quienes lo desconozcan, de que hay otras formas de evitar el
sufrimiento de algunos animales de granja solo con la voluntad de
hacerlo. Empezando por las gallinas en batería, mantenidas en jaulas
durante toda su vida y con luz las 24 horas del día para que no
dejen de poner huevos. A estos animales se les corta el pico (sin
anestesia) para que no se agredan entre ellas a causa del estrés que
les produce el hacinamiento.
Sufren heridas de todo tipo al estar
pisando el alambre de las jaulas permanentemente. Cuando dejan de ser
productivas se las traslada al matadero. Muchas llegan ya muertas, al
resto se las sacrifica para seguir sacándoles rendimiento. Evitaré
más detalles porque son demasiado duros e innecesarios. Esta forma
de producir huevos ya está prohibida en Suecia, Bélgica, Suiza,
Austria y Países Bajos. Francia lo hará en breve. ¿Qué podemos
hacer nosotros ahora? Pues algo tan sencillo como comprar sólo
huevos de gallinas criadas en suelo o camperas.
Los comerciantes no
son los responsables de esta situación, ellos venden lo que el
cliente demanda. La solución la tenemos los consumidores; pidamos
los que ya se conocen popularmente como “huevos de gallinas
felices”. Numerosas granjas productoras de huevos han cambiado ya
sus instalaciones. Al fin y al cabo el consumidor es el que tiene la
última palabra. Y ahora hablemos de la leche. Las vacas son victimas
también de una sobreexplotación que las condena a vivir en espacios
cerrados, se las insemina cuando dejan de dar leche y después de
parir se las separa de su cría y así siguen produciendo leche.
Por
supuesto no todas las granjas mantienen a sus vacas en las mismas
condiciones. En este caso, como en el de los huevos, los empresarios
se han visto obligados a cambiar la forma de mantener a las vacas, y
la razón ha sido la misma; los consumidores eligen cada día más la
leche ecológica, o sea, la que proviene de vacas alimentadas con
pastos, respetando sus períodos de sequía y sin tratamientos
antibióticos preventivos. El resultado es una leche más saludable y
una mejor calidad de vida de esos animales.
Todo lo aquí expuesto es
fácil de confirmar consultando Internet. Hay amplia información
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calidad sus productos.







