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sábado, 19, septiembre, 2026

Calladita no estás más guapa

Calladita no estás más guapa

Silvia Rodríguez Olivares
Portavoz del Grupo Muncipal Compromís per Petrer

La sociedad ha evolucionado en muchos aspectos, pero en otros sigue enquistada o peor aún, da señales de estar retrocediendo. El año 2018 ha sido ‘el año del feminismo’. Cargado de hitos positivos, entre los que destaca la primera huelga feminista de carácter internacional y con gran seguimiento en España, el año se cierra también con acontecimientos amargos que refuerzan la necesidad de que la lucha continúe.

En contraposición, se están dando alas a una ultraderecha que tiene como señas de identidad la derogación de la Ley de la Violencia de Género, el rechazo al aborto libre y gratuito y en general a cualquier norma que empodere al feminismo. Una ultraderecha que crece como un incendio, que amenaza con arrasar con todos los derechos conquistados y paralizar los que están por llegar. La sociedad puede haber evolucionado, como ya digo, pero a día de hoy nos siguen llamando histéricas a todas aquellas que no nos comportamos como la sociedad patriarcal quiere que lo hagamos.

Cuando nos indignamos, nos reivindicamos, gritamos, nos levantamos,.. se nos tacha de histéricas, les resultamos incómodas; incómodas de tratar, de defender y nos invitan a reivindicar nuestros derechos de una forma más pausada y más discreta, más “femenina”. Me pregunto qué formas servirían para provocar un cambio en una sociedad dominada por la mitad de la población.

Somos unas histéricas, unas radicales, unas hembristas… unas feminazis. Desde que hemos tomado conciencia feminista nos han llamado todas estas cosas, otras peores o simplemente nos han tomado por unas obsesivas que no pueden disfrutar de nada sin ver machismo al otro lado, en todas partes.

Hemos ignorado los comentarios, nos hemos defendido, nos hemos enfadado e incluso hemos perdido amistades por defender nuestros derechos, pero nada de esto nos hace sentir mejor. Al contrario, resulta muy frustrante tener las ideas tan claras, saber a ciencia cierta que las mujeres no tenemos los mismos derechos, obligaciones y condiciones que los hombres, y que aún así una gran parte de nuestra sociedad no es capaz de compartir nuestras razones. Este menosprecio constante es el primer paso de esta sociedad patriarcal para minimizar la desigualdad.

Frente a los actos de protesta feminista encontramos siempre un discurso de odio que no construye; que busca deslegitimar al movimiento y refleja un desprecio hacia  la lucha de la equidad de géneros alimentando la indiferencia ante la desigualdad. De esta manera, y a pesar de que nos insulten, nos señalen y nos ridiculicen, continuaremos señalando lo intolerable, lo que está mal, lo que violenta, lo que reprime, lo que se cree natural o normal. Seguimos en la lucha porque creemos que todo eso se puede cambiar y que otro mundo es posible.  

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