Calladita no estás más guapa
Silvia Rodríguez Olivares
Portavoz del Grupo Muncipal Compromís
per Petrer
La sociedad ha evolucionado en muchos aspectos, pero en otros
sigue enquistada o peor aún, da señales de estar retrocediendo. El
año 2018 ha sido ‘el año del feminismo’. Cargado de hitos
positivos, entre los que destaca la primera huelga feminista de
carácter internacional y con gran seguimiento en España, el año se
cierra también con acontecimientos amargos que refuerzan la
necesidad de que la lucha continúe.
En contraposición, se están
dando alas a una ultraderecha que tiene como señas de identidad la
derogación de la Ley de la Violencia de Género, el rechazo al
aborto libre y gratuito y en general a cualquier norma que empodere
al feminismo. Una ultraderecha que crece como un incendio, que
amenaza con arrasar con todos los derechos conquistados y paralizar
los que están por llegar. La sociedad puede haber evolucionado, como
ya digo, pero a día de hoy nos siguen llamando histéricas a todas
aquellas que no nos comportamos como la sociedad patriarcal quiere
que lo hagamos.
Cuando nos indignamos, nos reivindicamos, gritamos,
nos levantamos,.. se nos tacha de histéricas, les resultamos
incómodas; incómodas de tratar, de defender y nos invitan a
reivindicar nuestros derechos de una forma más pausada y más
discreta, más “femenina”. Me pregunto qué formas servirían
para provocar un cambio en una sociedad dominada por la mitad de la
población.
Somos unas histéricas, unas radicales, unas hembristas…
unas feminazis. Desde que hemos tomado conciencia feminista nos han
llamado todas estas cosas, otras peores o simplemente nos han tomado
por unas obsesivas que no pueden disfrutar de nada sin ver machismo
al otro lado, en todas partes.
Hemos ignorado los comentarios, nos
hemos defendido, nos hemos enfadado e incluso hemos perdido amistades
por defender nuestros derechos, pero nada de esto nos hace sentir
mejor. Al contrario, resulta muy frustrante tener las ideas tan
claras, saber a ciencia cierta que las mujeres no tenemos los mismos
derechos, obligaciones y condiciones que los hombres, y que aún así
una gran parte de nuestra sociedad no es capaz de compartir nuestras
razones. Este menosprecio constante es el primer paso de esta
sociedad patriarcal para minimizar la desigualdad.
Frente a los actos
de protesta feminista encontramos siempre un discurso de odio que no
construye; que busca deslegitimar al movimiento y refleja un
desprecio hacia la lucha de la equidad de géneros alimentando
la indiferencia ante la desigualdad. De esta manera, y a pesar de que
nos insulten, nos señalen y nos ridiculicen, continuaremos
señalando lo intolerable, lo que está mal, lo que violenta, lo que
reprime, lo que se cree natural o normal. Seguimos en la lucha porque
creemos que todo eso se puede cambiar y que otro mundo es posible.